El libro favorito de Consuelo Tomás, escrito por Raúl Leis, es Genuflexión a mi huella transitoria, la obra “de un joven que abiertamente se declara rebelde ante la injusticia, venga esta de donde venga, pero considera el amor una de sus armas de batalla”.
Tomás también resalta el cuento infantil de Leis El niño y la bomba, “que con suma sencillez ofrece un sólido argumento a favor de la paz”, así como la novela sociológica Machí, un kuna en la ciudad: “luego de leer este libro nunca volví a mirar a los gunas que limpian mesas en restaurantes, de la misma manera”.
“Fue un escritor múltiple, fiel a la raíz, pero con valor universal. Escribió poesía, teatro (María Picana, Mundunción, El nido del macuá), ensayo (Colón en el ojo de la tormenta), considerando todas las edades de los lectores”, detalla Tomás.
Para Luis Wong Vega, Raúl Leis dejó“un enorme legado literario, tanto de índole técnico y profesional como de creación. En cuanto a lo primero, está todo el bagaje como sociólogo, en la desaparecida revista Diálogo Social y en diversos foros académicos, así como los testimonios de su labor práctica, en el campo en diversos temas, la alfabetización de adultos, por ejemplo. En lo segundo está toda su obra literaria, en diversos géneros como teatro, cuento, etc., con algunas obras merecedoras de varios premios nacionales Ricardo Miró”. Además de ser un intelectual y un académico de primera línea, Wong Vega rememora que era “una persona siempre alegre, motivadora, con una palabra de aliento, preocupado por la justicia social y entregado a las obras solidarias. Leal a sus amigos, como los poetas con los que armó toda una generación de escritores colonenses a finales de la década de 1960: Guillermo Delgado, Basilio Dobras padre, Harley James Mitchell, entre otros”.Lucy Chau lo recuerda como un creador que manejó las ciencias sociales y la literatura desde “un lenguaje humano, sencillo y con un contenido social imprescindible. Raúl era un niño enorme con una curiosidad insaciable y una generosidad inteligente”.
