El arzobispo sudafricano Desmond Tutu, Premio Nobel de la Paz. Defensor de la Nación de los Conejos, de la diversidad. De la Suráfrica antiapartheid. Clérigo, profesor, teólogo, animador de un mundo de convivencia. Relata que de niño su padre le instaba a que elevara el argumento, en vez de levantar la voz, para hacerse oír, para exponer sus puntos de vista y sus ideas. Tutu dio homilía a principios de los años 80 en la Catedral de San Lucas, en el corregimiento de Ancón, en las inmediaciones del Instituto Nacional.
Nos toca echar mano del raciocinio para mejorar el argumento, para convencer sobre aquello que creemos es la posición adecuada o la senda del camino que nos toca andar para conseguir el progreso. El vocablo argumento nos llega, para variar, del latín, lengua de la que nos hemos beneficiado del léxico. En latín: argumentum. En lengua española es argumento. Razonamiento para justificar o refutar una proposición. Es la expresión de un razonamiento, de un discurrir. Debe haber consistencia, coherencia, sustancia. Se argumenta con la identificación de conceptos, cuestionamientos, coherencia y contradicciones. Se induce o deduce a crear otros conceptos distintos a los ya conocidos. Se crean conceptos provisionales o concluyentes en relación a los ya conocidos. Se resuelven problemas de toda naturaleza, se extraen conclusiones a partir de la información y premisas existentes.
La argumentación hoy está condicionada por las tendencias del momento, que surgen en la política internacional. La llamada posverdad, nacida de acontecimientos determinantes en la vida planetaria: el brexit, en el cual británicos determinaron la salida de Gran Bretaña de la Unión Europea. La victoria de Trump, además.
El Diccionario Oxford entronizó en 2016 el neologismo “posverdad” como palabra del año y como nueva incorporación enciclopédica. Post-truth o posverdad, híbrido ambiguo cuyo significado “denota circunstancias en que los hechos objetivos influyen menos en la formación de la opinión pública, que los llamamientos a la emoción y a la creencia personal”. Así lo define el Oxford.
La definición describe el contratiempo y hasta la conmoción que han supuesto el brexit o la victoria de Donald Trump. Dos posverdades en la medida en que una y otra noticia han sobrepasado cualquier expectativa ortodoxa o racional. Es una verdad que Trump ganó las elecciones. Y es también una posverdad, porque no se hubiera producido sin las variables de la emoción, de la creencia o de la superstición.
En la construcción de la verdad obtienen relevancia las cuestiones emocionales. La percepción, como se acentúa hoy en nuestro medio. La posverdad en el reconocimiento de un hueco semántico que discrimina la verdad revelada de la verdad sentida. Verdad sentida, percepción.
Apelaciones a la emoción y a las prolongaciones sentimentales de la realidad. Hoy la verdad es construida también de esa forma. Se mantiene, a pesar de toda la confusión ética. Son signos de este tiempo. Es corriente engañar y calificarlo de verdad, en esa vertiente creciente de posverdad.