Cuando el arte invita a pensar

Los símbolos, los signos y los códigos de la pintura de Luis Aguilar Ponce invitaban al espectador a reflexionar sobre la vida.

Cuando el arte invita a pensar
“Luis Aguilar Ponce fue un constructor de conciencias. Un maestro que externa las incertidumbres que nos hacen verdaderos y humanos”: Manuel Montilla (pintor y críti

Luis Aguilar Ponce pintaba porque deseaba que el espectador reflexionara sobre la vida y sus aristas al contemplar sus obras. No creía en un arte pasivo ni complaciente. Lo suyo era desafiar al público para que participara en el proceso creativo al buscar lecturas a sus labores.

“Mi obra tiene un sentido recogido con un pasado y un presente, un pasado que viene de la época medieval, con símbolos, signos y códigos que vuelvo a replantear junto con los actuales, como la tecnología y los planteamientos sociales en los que el ser humano siempre es el protagonista”, explicó hace unos años a este diario.

Sus piezas, en sus propias palabras, eran “un replanteamiento de la figura y de la forma, en el espacio, pero no en un espacio único, sino en un espacio junto con elementos simbólicos de signos y de códigos visuales”.

En 1962 su existencia tiene un vuelco esencial cuando ingresa a la Escuela Nacional de Artes Plásticas, donde recibe enseñanzas de figuras indiscutibles como Juan Manuel Cedeño, Adriano Herrerabarría, Alfredo Sinclair y Carlos Arboleda. Años después se trasladaría a Estados Unidos y a Japón para ampliar sus horizontes formativos.

Este licenciado en Pintura por la Universidad Autónoma de México (1968) participó en colectivas en países como Colombia, Costa Rica, Cuba, México y Panamá.

Su obra estuvo presente en las bienales de arte de La Habana, París, Sao Paulo, Cuenca, Valparaíso, en la Bienal de la Acuarela en México y en la Trienal de la India.

Aguilar Ponce, que llevó a cabo individuales en México, Holanda y Panamá, mereció numerosos galardones tanto nacionales como foráneos.

Por ejemplo, obtuvo en 1972 una mención honorífica en el Concurso Nacional Xerox de Pintura, mientras que en 1975 logra el segundo premio del Concurso Nacional de Pintura Soberanía, organizado por el Instituto Panameño de Arte, y en 1981 se queda con el segundo lugar del Concurso Nacional de Pintura del Instituto Nacional de Cultura. En tanto, en 1985 conquista el primer puesto del Concurso de Pintura Cervecería Nacional.

Fue director y profesor de dibujo, pintura e historia del arte de la Escuela Nacional de Artes Plásticas de Panamá, docente universitario, embajador de Panamá en la India (1993-1995) y entre 1990 y 1992 residió en Holanda, donde pinta murales.

OPINIONES

Para Manuel Montilla, pintor y crítico de arte, Luis Aguilar Ponce “es, en el acervo plástico panameño, el convalidador de una singularidad humanista generada en el erotismo y que, confluyente, se torna una gestión de color, carne y geometría, para desvelar nuevas presencias sensoriales en esta piel tropical que nos cubre. Sensualidad e intensidad para la vida. Voracidad para una fuerza primaria que rompe formas y conceptos, que establece emociones como sustrato primordial del arte. Que en conflagración nos deconstruye cual percepciones en tensión, como cuerpos concatenados en silentes gritos de expectantes arpegios pasionales”.

Cuando en 1971 Aguilar Ponce llevó a cabo su primera individual en Panamá, titulada “Visión gráfica de un escorpión”, la crítica de arte Edilia Camargo resaltó que “estamos delante de lo que hemos estado buscando en la pintura panameña: convicciones estéticas profundas en torno a la relación arte-hombre-cultura”.

Para la también experta en las lides artísticas, Ángela de Picardi, su obra se basa en “la investigación constante de lo contemporáneo, sirviéndose para esto de un estilo neofigurativo, apoyado en el perfecto dominio de una estructura abstracta. Formas geométricas y sólidas, líneas fuertes y cortantes componen cuadros en que afloran, desdibujados y sin límites definidos, cuerpos humanos, rostros, perros u otros animales, y también motivos tropicales como las palmeras, en una producción que sugiere, por su composición, un espacio luminoso en proyección de infinito o de futuro, y a la vez revela, por la euritmia de sus motivos y de sus figuraciones, la audaz sociedad actual, sensual y plenamente cinética”.


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