Las escuelas de español no son nada nuevo, pero sí el enfoque con el que intentan atraer a más estudiantes foráneos, insertando las actividades turísticas en los programas formativos.
Las escuelas abundan y se instalan en sitios estratégicos como el Casco Antiguo, para aprovechar su variada agenda de eventos culturales en el icónico barrio, y otros abren sucursales en Boquete o Bocas del Toro, donde el olor a montaña o la brisa veraniega son sus emblemas.
Aprender español en Panamá es sinónimo de aventura. Las academias que no están en el corazón del turismo, hacen alarde de la accesibilidad que goza el istmo para estar en la mañana en una playa del Caribe, y en la tarde en una del Pacífico.
El español no solo lo estudian extranjeros que vienen a quedarse en países hispanohablantes. También los hay quienes trabajan en su país de origen y les favorece contar con la herramienta lingüística para obtener una promoción a un cargo. Es el caso de la estadounidense Megan Collins, de 33 años, que decidió aprender la lengua española en la escuela Spanish Panamá, ganadora del certificado de excelencia 2016 de Trip Advisor, un medidor en eficiencia de servicio y trato al extranjero.
Collins lleva tres meses absorbiendo conocimientos y alcanza el nivel intermedio de la formación. Sustenta que en la empresa para la cual labora, con sede en Estados Unidos, cada vez es más común atender a clientes latinoamericanos, lo que la ha motivado a aprender el idioma.
El director de Spanish Panamá, el canadiense Joseph Ennis, casado con una panameña, calcula que los alumnos interesados en los cursos de español son 50% provenientes de Estados Unidos y Canadá. El otro 50% restante se reparte entre países como Suiza, Alemania, Holanda, Dinamarca, Suecia, Inglaterra, Italia, Francia, Australia, Nueva Zelanda, Japón, China, Taiwán, Rusia, Brasil, y una minoría está representada por África.
El afincado concepto de inmersión entre la oferta puede llevar a los alumnos a convertirse en voluntarios de instituciones benéficas a cambio de ganar experiencia y desenvolverse con el idioma nuevo. En la escuela Habla Ya Panamá les facilitan la entrada a programas con los que pueden ayudar a la comunidad en un algún aspecto de carácter social. “Desde enseñar inglés a niños de escuelas públicas, ayudar con la educación del reciclaje, visitar hogares de ancianos o apoyar a personas con capacidades especiales”, enumera Julio Santamaría, promotor de la escuela Habla Ya Panamá. El paraguas es tan amplio que incluso han desarrollado un programa de jardinería urbana y permacultura, mediante el cual esperan difundir en la población local el conocimiento para producir sus propios alimentos.
DIFICULTADES
Para Mauricio Breton, de la escuela Español en Panamá, lo que más cuesta es enseñarle a los no hablantes de español “el modo subjuntivo, puesto que este tipo de gramática no existe en algunos países”.
La catedrática del centro acreditado opina que a algunos les favorece aprender varias lenguas. “El bagaje cultural adquirido en el aprendizaje permite comprender, intuir y dominar más rápido un nuevo idioma”.
Los costos como las amenidades contenidas en los programas de español para extranjeros son diversos. Algunos más económicos si se toman en forma grupal, están entre $9.75 y $13.75 la hora. También hay una diversa clasificación entre una academia y otra sobre la definición del nivel básico, intermedio o avanzado.
Sin embargo, lo que no se descarta de la experiencia es que los alumnos aprenderán siempre divirtiéndose.






