La idea vino de su hijo de dos años, que prefería recoger corchos de botellas en lugar de exóticas conchas en las playas de arena blanca de Costa Rica. Ralph Groenheijde crea ahora obras de arte a partir de la basura recolectada en las playas de Holanda.
Este holandés hiperactivo ha acabado convirtiendo la idea en un proyecto: transformar esa indeseable cosecha, producto de la limpieza de una playa, en una disparatada obra de arte.
Cuando un amigo le propuso un espacio comercial desocupado en el paseo marítimo de Scheveningen, en los alrededores de La Haya, Groenheijde agrupó los desechos convertidos en tesoros en su “TrashUre Museum”, neologismo inglés de su invención (de trash, basura, y treasure, tesoro).
Bajo un techo del que pende una miríada de palas y rastrillos de plástico, abandonados en la arena por los niños, se exponen, por ejemplo, un elegante sombrero de copa decorado con un patchwork de envoltorios de caramelos, o una serie de chanclas de color arcoíris.
Más allá, un maniquí lleva un vestido cosido a partir de redes de pesca azules, y de una gigantesca caja surgen centenares de colillas de cigarrillo. La primera caza de basura, organizada en Holanda hace tres años vía las redes sociales, le permitió a Ralph Groenheijde modelar un navío de piratas, para gran alegría de los niños que juegan en la playa.
“Entonces empecé a llamar a los cubos de basura baúles de tesoros”, dice Groenheijde, que guía a los adultos y a los niños en excursiones a la playa de Scheveningen, y los alienta a limpiar el lugar, a hacer ejercicio y hacer trabajar la imaginación.

