A causa de la propaganda, los soldados soviéticos que invadieron en 1968 Checoslovaquia, esperaban tener que enfrentar a “imperialistas” estadounidenses y alemanes del oeste, pero a falta de estos últimos, poco les faltó para librar una batalla contra figurantes de cine.
Como muchos otros habitantes de Davle, un pueblo en Vlatava, cerca de Praga (Checoslovaquia), Kvetoslava Dufkova, de 14 años en aquel entonces, participaba como figura en el rodaje de la película bélica estadounidense El puente de Remagen, de John Guillermin.
“Esos chicos de los tanques se quedaron perplejos al ver a un “ejército alemán”. Empezaron a negociar durante varias horas”, añade, recordando unos hechos que hubieran podido acabar en desgracia, hace 50 años.
Hasta que no pasó un buen rato, los intrusos no entendieron que estaban plantando cara a un equipo de rodaje y no a unos supuestos bandidos “imperialistas”.
Desde marzo de ese año, Davle vivía al ritmo del rodaje, con sus habitantes cruzándose a diario con estrellas de Hollywood como George Segal o Robert Vaughn, de uniforme estadounidense o nazi, junto a tanques y otros vehículos militares, entre otras recreaciones que imitaban la ciudad de Renania-Palatinado. “Cerca de nuestra casa, había un montón de maniquíes de soldados muertos que los cineastas repartían aquí y allá durante el rodaje”, cuenta otro lugareño, Antonin Dvroak, de 78 años. La película trata sobre la toma, en marzo de 1945, de un último puente intacto sobre el Rin por parte del ejército estadounidense.
