Aunque La delga línea amarilla se ubica dentro de una road movie (película de carretera), su director, Celso García, prefiere otorgarle una variante distinta.
“Yo la llamo también una walking movie, ya que los personajes se desplazan caminando todo el tiempo”, opina entre risas sobre una historia en torno a cinco hombres que deben pintar 200 kilómetros de carretera de asfalto, distancia que conecta a dos pueblos de México, en un periodo de 15 días, tiempo suficiente para descubrirse a sí mismos y a sus compañeros de labores.
-¿Qué tal fue trabajar en exteriores?
Fue muy duro. Extenuante. La historia sucede en un 95% en exteriores: carreteras semidesérticas, deshuesaderos, caminos polvorientos. Fue un reto fuerte para los actores y para todo el crew. Afortunadamente siempre hubo excelente ánimo y ambiente de trabajo.
-¿Cómo fue enfrentarse a las inclemencias del tiempo?
Durante el día teníamos temperaturas de 40 grados centígrados y cuando filmábamos por las noches llegamos a estar a 0 grados. Ese clima extremo jugó a nuestro favor porque mis personajes necesitaban sufrir las inclemencias del tiempo. Todas las reacciones, sudor y fatiga que verán en la pantalla grande son reales.
-¿Cuánto se quedó y cuánto cambió la historia entre que la comenzó y logró llevarla a escena?
Prácticamente es el mismo guión desde que lo terminé de escribir en 2010, hasta que se filmó en 2014. El guión pasó por el Laboratorio de Cine y Creación de Bertha Navarro y el Instituto Sundance, y por el taller del Instituto Mexicano de Cinematografía, los cuales me ayudaron mucho a reforzar mi historia y mi visión.
-¿Cuáles fueron los principales obstáculos que tuvo que sortear?
El financiamiento. En México tenemos fondos de Gobierno que apoyan producciones de cine. Gracias a estos fondos hemos podido filmar en México, tan solo en 2015, 140 películas. Sin embargo, no son suficientes para apoyar todos los proyectos que actualmente se preparan. Yo tuve que esperar algunos años porque había veces que las partidas se agotaban y teníamos que esperar al siguiente año fiscal.
-¿Esos obstáculos se les presentan a todos los directores?
Es un duro camino el que hay que transitar para hacer cine. Lo sufrimos los debutantes y también lo padecen los consagrados. Es parte de hacer cine en todo el mundo. Para ningún director o productor de este planeta es fácil levantar una película. Pero es parte del proceso, hay que saber disfrutar el camino, aunque esté lleno de baches y curvas. Un poco la filosofía de mi película, que me ayudó a soportar los siete años que me tomó llegar a la meta.
-¿En qué momento se involucró Guillermo del Toro como productor?
Guillermo se involucró una vez que el guión estaba listo. Se lo mandé, le gustó y él a su vez lo compartió con Bertha Navarro, ella aceptó también producir. Después se subió al proyecto Alejandro Springall y es así como se completó este dream team. Muy honrado de que hayan sido parte de mi primera película. Guillermo como productor siempre estuvo atento de cómo avanzaba el financiamiento, la preproducción y hasta la post. Te hace sentir su apoyo y que te da tu espacio para que puedas encontrar tu tono, tu lenguaje. Fue una muy grata experiencia trabajar juntos en esta película, al igual que con Bertha y Alejandro.

