Brian Torcellini, de 31 años, dirige un equipo de choferes de pruebas, o “de respaldo”, quienes por ley deben conducir la flotilla de 48 autos robot de Google. Solo toman el control durante emergencias. Si no, hacen observaciones que ayudan a los ingenieros de la compañía a programar los autos para que naveguen por las calles sin asistencia humana.
“Mucha gente va a su trabajo y se sienta en un cubículo”, dice Torcellini. “Resulta que nuestro cubículo se mueve por las calles. Y si tenemos éxito, nos dejaremos sin trabajo”. Los autos sin chofer han sumado más de 3.2 millones de kilómetros en seis años de, en ocasiones, pruebas tediosas en pistas privadas, carreteras y calles citadinas ubicadas en su mayoría cerca de la sede Google en Mountain View, California.
“No me quiero comparar con un astronauta, pero a veces así se siente”, dijo el piloto de pruebas de Google, Ryan Espinosa, mientras manejaba un Lexus automatizado que hace poco llevó a un periodista de The Associated Press a un paseo de 20 minutos por la ciudad sin necesitar intervención humana. Si la tecnología avanza como lo prevé Google, las únicas personas sentadas en autos sin chofer para el 2020 serán los pasajeros que buscan una manera más fácil de trasladarse.

