¡Te invito a cocinar! Es la nueva frase para asegurar un convivio placentero en un espacio acondicionado para la faena.
En Panamá, el Atelier Madrigal, del chef madrileño Andrés Madrigal, una réplica de su reconocido Kitchen Club con sede en España, ofrece la experiencia creativa y degustativa a un variado público.
Elena Hernández, chef panameña que se ha unido a la tendencia desde su negocio St. Francis Café& Market, destaca que los asistentes a este llamado de la cocina son por lo general aprendices apasionados que se toman su papel muy en serio. “Muchos compran equipos y gadgets (utensilios) de moda, buenos cuchillos, entre otros. He visto cocinas de foodies mejores que las de la casa de un chef profesional”, confiesa.
Pero, ¿qué hay de rentable en desvelar trucos de chef ante un comensal? “Más allá de lo que ofrecemos, nosotros también nos nutrimos de conocimientos nuevos. Cuando cocinamos rodeados de gente, estos van diciendo ‘mi abuelita le echaba canela”, cita Diego Rodríguez, chef responsable del Atelier . Allí, él se apresta a ir probando y verificando qué otro sabor o textura adquiere el producto final.
Otro de los puntos tomados en cuenta por este tipo de servicios son los accidentes. Aunque pocos, como el raspón con el rallador o el corte con el cuchillo, hay un seguro médico que da cobertura a incidentes. Sin embargo, Rodríguez desestima la posibilidad puesto que con la vigilancia perpetua y la recomendaciones previas, difícilmente alguien se rebana el dedo. “Es mejor usar un cuchillo afilado que uno que corte a medias... y los alimentos de forma redonda se parten a la mitad para hacer una base y picarlos más fácil”, explica.
Otros restaurantes solo dan paso a la observación, como el Estudio Millesime, ubicado en el séptimo piso del edificio Yoo, en avenida Balboa, por cuya cocina desfilan cada temporada chefs de renombre internacional. El Estudio Millesime dispone de un sitio para el show cooking (demostración) con 40 puestos, para aquellos deseosos de ser testigos de cómo es que hacen su comida.

