La ciudad de la nostalgia

Teatro, música, danza y gastronomía. Montevideo ofrece un interesante abanico de opciones turísticas, enmarcadas en un paisaje tan bello como nostálgico.

La ciudad de la nostalgia
La ciudad de la nostalgia

El pasado martes 25 de agosto, como todos los días en que amanece esta fecha, cientos de miles de uruguayos se levantaron más tarde de lo habitual. Algunos con resaca, otros cansados de bailar y varios que llegaron a descansar mientras muchos ya están alistando el mate y los bizcochos del desayuno.

Cada 24 de agosto se celebra en Uruguay la “Noche de la nostalgia”, una fiesta que un discjockey puso de moda en 1978, con la idea de bailar los grandes éxitos musicales de la época. Sus inicios fueron en Montevideo, pero rápidamente se contagió por todo el territorio uruguayo. Hoy en día, y desde hace años, las calles y los bares se llenan de gente que disfraza la nostalgia. “Saudade”, dirían los brasileños.

El feriado nacional del 25 de agosto por la Declaratoria de la Independencia de 1825 da el respiro vital de una noche de nostálgica alegría. Nostalgia, esa cosa que parece tan uruguaya y que no es necesariamente tristeza.

Pero en Uruguay, especialmente en el interior y, en menor proporción en Montevideo, por ser su capital, la nostalgia enmarca a un pueblo de costumbres simples, terrenales y con medida ambición. Estas características se pueden palpar en las cicatrices de las fachadas de los edificios coloniales, en el día a día poco ruidoso, como el uruguayo en sí o en la quietud y belleza del paisaje.

Sin embargo, aunque parece que pasa poco, pasa mucho. Culturalmente, sobre todo, mucho teatro, mucha música y muchas exposiciones.

Si usted, amable lector, decide viajar a Montevideo, de entrada notará la simpleza generalizada en el pequeño y galardonado Aeropuerto Internacional de Carrasco. Y una vez aterrice, le recomendamos visitar la conocida “Rambla”, una avenida de 22 kilómetros que bordea la costa del Río de la Plata. Por esta vía pasará por el pulmón verde de los barrios Buceo, Pocitos, Punta Carretas y Parque Rodó. Una vez llegue al área del centro, la ya mencionada Ciudad Vieja le atraerá como un imán, donde la historia se puede hasta oler. Nostalgia. A unas cuadras, el teatro Solís, principal escenario artístico de la capital construido en 1856; en el barrio el Prado encontrará los espectaculares Jardín Japonés y Jardín Botánico, por mencionar algunos lugares dignos de guardar en una foto.

Más allá de conocer los rincones montevideanos, y si es de su antojo, no debe irse sin probar sus famosos cortes de carne. Aunque los lugares para probarla sobran, el Mercado del Puerto frente al puerto natural de la capital, le brindará un abanico de deliciosas opciones. A todos estos lugares es adonde van los mismos montevideanos cuando amanecen el feriado 25 de agosto.

Si a la vecina Buenos Aires la conocen como “la ciudad de la furia”, a Montevideo perfectamente la podemos llamar “la ciudad de la nostalgia”.

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