Comenzó con un par de ofertas en algunos comercios de la ciudad hace unos años. En 2012, un mall lo extendió a todas sus tiendas. Ahora el espectro del Black Friday o Viernes Negro se siente omnipresente en Panamá, amo y señor de las ansias consumistas, como un flautista de Hamelín que encanta con descuentos de hasta el 70%.
De sus ofertas se habla en los anuncios publicitarios, correos electrónicos y redes sociales.
Los negocios se preparan para abrir apenas salga el sol y cerrar a medianoche. Algunos locales mantendrán sus promociones más allá del 29 de noviembre. “Black Weekend”, anuncian.
Además, la Autoridad de Tránsito y Transporte Terrestre anunció ayer la ejecución de un plan de manejo vehicular en las avenidas cercanas a los centros y plazas comerciales para evitar un congestionamiento de proporciones épicas, como el que se registró en 2012 en los alrededores de Multiplaza Pacific durante la celebración del primer Viernes Negro masivo.
También se espera un incremento de visitas de turistas, atraídos por la promesa de los grandes descuentos.
Sí, el Black Friday parece haber llegado a Panamá para quedarse, como lo han hecho otras costumbres o festividades foráneas, dejando en evidencia más de un rasgo de la sociedad nacional y global, según explican estudiosos del comportamiento de masas.

