PAULO COELHO

El cuento, el hecho, la reflexión

EL CUENTO. Una viuda de una aldea de Bengala no tenía dinero para pagar el autobús de su hijo. El chico tenía que atravesar un bosque. Para tranquilizarlo, ella le dijo:

–No tengas miedo del bosque. Pídele a Dios Krishna que te acompañe. El muchacho hizo lo que su madre le decía, Krishna se le apareció y, desde entonces, lo acompañaba todos los días.

El día del cumpleaños del profesor, el niño le pidió dinero a su madre para comprar un regalo.

–No tenemos dinero, hijo. Pídele a tu hermano Krishna que te consiga un regalo. El niño le contó su problema a Krishna. Este le dio una jarra llena de leche.

El niño le entregó la jarra al profesor. Pero como los otros regalos eran más bonitos, el maestro no le prestó al suyo atención.

–Lleva esta jarra a la cocina –le dijo el profesor a un ayudante. El ayudante hizo lo que se le había ordenado. Al intentar vaciar la jarra, se dio cuenta de que volvía a llenarse sola. Inmediatamente, fue a comunicar al profesor, quien, confuso, le preguntó al niño:

–¿Dónde has conseguido esta jarra?

–Quien me la dio fue Krishna, el dios del bosque. Todo el mundo rió.

–¡No hay dioses en el bosque! ¡Eso es superstición! –dijo el maestro–. Si es verdad que existe, ¡salgamos a verlo! El grupo entero salió. El niño se puso a llamar a Krishna, pero este no aparecía. Desesperado, realizó un último intento:

–Hermano Krishna, mi maestro quiere verte.

En este momento vino del bosque una voz que resonó por todos los rincones.

–¿Estás seguro de que quiere verme, hijo mío? ¡Si él ni siquiera cree que existo!

El hecho

El golfista argentino Robert de Vincenzo, después de haber vencido un torneo, se dirigió al aparcamiento para buscar su coche. Una mujer se le acercó. Después de darle la enhorabuena por la victoria, le contó que su hijo estaba a las puertas de la muerte, y que no tenía dinero para pagar un hospital. De Vincenzo le dio parte del dinero del premio que acababa de ganar.

Una semana después, en una comida en la Professional Golf Association, le contó la historia a algunos amigos. Uno de ellos le preguntó si la mujer era rubia, con una pequeña cicatriz bajo el ojo izquierdo. De Vincenzo dijo que sí.

–Te han engañado– dijo el amigo–. Esta mujer no para de contarles la misma historia a los golfistas extranjeros que aparecen por aquí.

–Entonces, ¿no hay ningún niño a las puertas de la muerte?

–No.

–¡Esta ha sido la mejor noticia que me han dado en toda la semana!– comentó.

Reflexiones

Algunos pensamientos de poetas persas de inicio del milenio (La Sabiduría Persa, Ed. Ediouro):

Quien conoce a Dios, no lo describe. Quien describe a Dios, no lo conoce (Husayn Ibn Mansur).

Donde existe un gran tesoro, allí también vive un terrible dragón (Saadi de Xiras).

La peor manera de mantener un matrimonio es privando al otro de su libertad. Si atas dos pájaros, ellos tendrán cuatro alas, pero nunca conseguirán volar (Djeladin Rumi).

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