'LA NIñA QUE MIRABA LOS TRENES'

Por la defensa de la vida humana

Sobre una novela que estudia una época en la que confluyeron xenofobias, migraciones, persecuciones y guerras.

Por la defensa de la vida humana
El narrador Ruperto Long en compañía de Charlotte de Grünberg (ella fue la inspiración de la novela que se presenta hoy, a las 7:00 p.m., en El Hombre de la Mancha) y el escritor Ma

Ruperto Long selecciona como hilo conductor de su novela La niña que miraba los trenes partir a Charlotte, una niña que experimenta la odisea de la Segunda Guerra Mundial cuando tenía entre 8 y 12 años.

Por lo tanto, ella ve el mundo que la rodea “–casi literalmente- a través del ojo de la cerradura de sus diversos escondites. Por tanto, debí sumergirme en ese tiempo y espacio, para poder imaginar los diversos personajes que la niña va conociendo: el mozo italiano del café–única fuente de información en tiempos de un totalitarismo feroz-, la cantante francesa amiga de Jean Moulin que se vuelve su amiga, los pasadores de frontera estafadores y mafiosos”.

-¿Qué hay del lenguaje de esta pequeña?

Hay algo curioso que me sorprendió: cuando cualquiera de nosotros comienza a evocar otro tiempo y circunstancia –la niñez, por ejemplo-, uno cambia el vocabulario y la forma de expresarse. De algún modo, al relatar vivencias de esa época, nos trasladamos a ella.

-¿Se registraron uruguayos como Domingo López Delgado que se enrolaron en las fuerzas de la Francia Libre?

Fueron cerca de 70. La mayor parte de los cuales revistaron en la Legión Extranjera. También hubo voluntarios de otros países latinoamericanos, que con los republicanos españoles que escaparon al final de la guerra civil, conformaron un núcleo de hispanoparlantes. Que se destacaron, en varios sentidos: por su coraje –que les valió numerosas condecoraciones-, y por ser los más ruidosos y bullangueros.

AMOR

-La novela es una apuesta al amor en distintos niveles y tipos. ¿Era uno de los objetivos desde el principio de escribir la novela?

En realidad es algo que fui descubriendo a medida que avancé en el relato y profundicé en ese tiempo histórico. Siempre destaca más el odio y la maldad. Pero a esos odios terribles se opuso un amor de una intensidad difícil de imaginar: entre padres e hijos, entre hermanos, entre amantes, entre amigos. Comprometidos con la defensa de la vida, de la libertad, del prójimo, de la tierra natal. En definitiva, historias luminosas que alumbran más allá de la barbarie.

FANATISMOS

-¿Por qué será que las guerras no acaban nunca?

Porque la humanidad aprende muy lentamente. Trata de olvidar aquellos hechos que la perturban, como hacemos todos en nuestra vida personal. Y por la existencia de poderosos intereses creados que actúan en el sentido opuesto a la gran mayoría de las mujeres y hombres de buena voluntad: sobre todo la industria armamentista, pero también el narcotráfico y el comercio de personas, entre otros. A lo que se suman los fanatismos, de cualquier tipo. Una combinación explosiva, difícil de desarticular.

-¿Por qué causas o motivos participaría en una guerra o un conflicto bélico?

Pregunta difícil, porque siempre he sido pacifista, admirador desde muy joven de Mahatma Gandhi y Martin Luther King. Pero entiendo que hay circunstancias extremas, en que ciertos sectores se manifiestan con un fanatismo y una violencia tan brutales, que solo pueden ser detenidos por la fuerza. Como sucedió con el nazismo o como ocurre hoy día con el Daesh (sustituto del término Estado Islámico).

-¿Qué es lo que más debe preocuparnos de esos brotes de grupos de neonazis que hay principalmente en una parte de Europa?

Que al amparo de ciertas reacciones humanas bastante habituales –el temor a lo diferente, la desconfianza de quienes provienen de otras culturas, la preocupación por un futuro económico incierto-, logren sacar a la luz lo peor de los seres humanos y nos hagan olvidar las enseñanzas del pasado. En cuyo caso estaremos condenados a revivirlo.

-¿La sociedad es de vicios cíclicos? Lo comento porque los tiempos de hoy también son de persecuciones y xenofobias.

Muchos de los males, como las persecuciones y xenofobias, se mantienen latentes a través de los siglos. Pero pienso que en varias regiones del mundo, su forma de manifestarse se ha mitigado considerablemente. De todos modos: ¡Cuánto nos cuenta tolerarnos los unos a los otros! ¿Es tan difícil –ya no digo amar-, sino al menos respetar al prójimo?


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