LA VOZ DE LA ACADEMIA

La desinformación lingüística

En no pocas ocasiones, la Academia Panameña de la Lengua ha recibido consultas referentes a la legitimidad o aprobación de determinadas palabras o modos de decir por parte de la corporación.

Y no pocas veces se ha difundido entre algunos hablantes información incorrecta o por lo menos no precisa sobre estos aspectos. Una pregunta recurrente en este sentido es si la Academia ha aprobado la forma verbal ‘haiga’, considerada arcaísmo y vulgarismo que, al mismo tiempo, alterna con la forma culta ‘haya’, moderna y vigente.

La respuesta definitiva e inequívoca es no. Se sigue considerando inadecuado el uso del término ‘haiga’ como verbo y se recomienda ‘haya’ como forma verbal de haber. El Diccionario panhispánico de dudas aclara, en el apartado correspondiente al verbo ‘haber’, lo siguiente: “Asimismo, hoy son ajenas a la norma culta las formas de presente de subjuntivo ‘haiga’, ‘haigas’, etcétera, en lugar de ‘haya’, ‘hayas”.

No obstante, en la edición de 2001, el Diccionario de la lengua española incluyó por primera vez, como españolismo, con la indicación de “poco usado”, el sustantivo masculino ‘haiga’, que en sentido irónico significa “automóvil muy grande y ostentoso”. En el español de Panamá, a no dudarlo, este uso es inexistente.

En el latín vulgar, la forma verbal ‘haiga’ dio paso, en el español, a la forma ‘haya’, debido a un fenómeno lingüístico denominado palatalización, según el cual el grupo constituido por la vocal y la consonante ig provocó la aparición de la y (ye) en ‘haya’. Aunque muchas personas emplean el vulgarismo ‘haiga’, el español de hoy acepta como norma culta ‘haya’.

Otro caso de desinformación lingüística, en el que penosamente se pone por delante el buen nombre de la Academia, es el uso del pronombre personal ‘yo’ como principio de una enumeración de los colaboradores, participantes o lista de personas.

En este asunto, que no es estrictamente lingüístico, no es adecuado crear el “rumor” de que la Academia lo aceptó, pues, se trata de un tema más bien de cortesía lingüística más que de corrección, el colocar en la última posición el pronombre correspondiente a quien habla.

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