#METOO

Las diferencias transatlánticas sobre el #MeToo

Las diferencias transatlánticas sobre el #MeToo
Las diferencias transatlánticas sobre el #MeToo

Apenas semanas después de las acusaciones de abuso sexual contra Plácido Domingo, un coro resonó en Salzburgo para el prolífico tenor, que lanzó besos al público tras recibir una ovación de pie.

Fue el primero de varios conciertos de Plácido Domingo previstos en Europa que siguen en pie a pesar de que el movimiento #MeToo se encona en su contra tras una ola de denuncias de acoso sexual de varias mujeres.

Las compañías de música clásica en Estados Unidos optaron por la precaución: la Orquesta de Filadelfia y la Ópera de San Francisco cancelaron inmediatamente sus próximos conciertos cuando surgieron las noticias sobre sus acusaciones.

Pero en Europa, las compañías otorgaron su apoyo al célebre cantor.

Las reacciones divergentes ponen en relieve una brecha entre Estados Unidos y Europa sobre el movimiento #MeToo y el debate cultural de larga data sobre si una sociedad debe o no celebrar el arte de ciertas personas, pese a testimonios escabrosos sobre sus acciones.

El cineasta Roman Polanski es quizás la figura más prominente a quien Europa ha dado la bienvenida a pesar de su condena por violación de una menor en Estados Unidos, que sigue buscando su extradición desde que huyó a Francia en 1978, antes de su sentencia.

Polanski debe presentar su 13ª película en el Festival de Cine de Venecia, pero aún no tiene un distribuidor en Estados Unidos.

La aceptación continua y los elogios de estas figuras son “simplemente horribles”, estima Audrey Clinet, co-fundadora de EROIN, compañía que apoya a directoras de cine emergentes.

Durante décadas, muchos defensores de hombres poderosos acusados de crímenes sexuales han citado el cliché de que la cultura estadounidense aún se aferra a sensibilidades puritanas conservadoras.

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