La sede de la Academia Panameña de la Lengua es una metáfora del paso de los tiempos.
Es una clásica vivienda de la primera mitad del siglo XX de la clase alta istmeña, ubicada en Calle 50, rodeada de enormes edificios de oficinas, bancos y hoteles.
Es un inmueble que evidencia, de acuerdo a la académica Margarita Vásquez, “el movimiento del loco devenir de la vida panameña. Es el hoy plantado en el ayer que nos identifica, a pesar de los pesares. Esa casa metida en este otro mundo de las compras y el dinero”. Es un espacio físico donde se estudia, se lee y se reflexiona sobre el idioma. “Desde jocosidades propias de hombres como Gil Blas Tejeira, de versos musicales como los de Stella Sierra, de comparaciones lingüísticas entre anglicismos y panameñismos como hizo Ricardo J. Alfaro, del dolor de la patria herida como hace y sufre todavía nuestro poeta José Franco”, señala Vásquez.
