El 25 de diciembre suele amanecer con un aire de ilusión. El cansancio de los adultos, producto del trajín habitual durante los últimos meses del año, parece disiparse con los primeros rayos del sol y el jolgorio de los pequeños de la casa al acercarse al árbol de Navidad.
Tras meses de esfuerzo por lograr buenas calificaciones y mantener una conducta irreprochable, aquel juguete bajo el pino ornamentado, yace como una gratificación que con el paso de los años volverá a residir bajo otro árbol para motivar sonrisas a demás niños.
Pese a la modernidad imperante entre los juegos electrónicos, los istmeños aún tienen preferencia por algunos juguetes de antaño. Así, desde la emblemática bicicleta, hasta los desafiantes bloques armables, aún figuran en las “cartitas navideñas” de diciembre.
“Son juegos que han sobrevivido generaciones”, afirma Denise Porcell, gerente de mercancía de Importadora Maduro, quien explica que su encanto se encuentra en su disposición para el aprendizaje, ya que “permiten que los padres participen en el juego y les enseñen a sus hijos”, dice.
Tras su lanzamiento en noviembre pasado, la consola de juegos PlayStation 4 de Sony fue uno de los artículos de mayor venta. No obstante, para la Navidad otros intereses parecen diversificar las entregas de Santa de esta noche. Por ejemplo, el muñeco Furby, estrenado en 1998, vuelve a los estantes de las jugueterías.
Luego de 15 años desde su estreno, el ejemplar que puso a medio mundo a formar colas en las jugueterías, vuelve renovado y con cualidades interactivas que lo colocan como uno de los juguetes más buscados en 2013, según la Asociación de Comerciantes de Juguetes (Toy Retailers Association) con sede en Inglaterra.
El peluche, que hoy ostenta personalidad propia y viene acompañado de una app para teléfonos inteligentes, comparte su popularidad con varios ejemplares clásicos, que bajo una nueva presentación, buscan cautivar la atención de los chicos del siglo XXI.
