Pedro Páramo es sobre un hombre de ambición desmedida. Su trama ocurre en la árida y fantasmal región de Comala, donde los desarraigados son víctimas del poder de este cacique que impone su presencia a sangre y fuego.
La profesora Margarita Vázquez destaca el manejo del lenguaje de esta novela que escribió Juan Rulfo entre abril y septiembre de 1955. “Hay una parquedad, una reticencia, un modo de narrar que hace que el lector quede enganchado y no quiera abandonar la novela hasta terminarla”.
El mundo de Comala, explica el cuentista y novelista Justo Arroyo, “es esquizofrénico, con tal poder de seducción que estamos dispuestos a seguir a sus personajes a través de todos los excesos, todos los laberintos, todos los tiempos y voces, tanto de los vivos como de los muertos. Mención aparte merece el propio Pedro Páramo, una de las creaciones literarias paradigmáticas”.
En segundo lugar, a Justo Arroyo le llama la atención la estructura de la novela, “en que la genialidad cuentística de Rulfo queda de manifiesto en esa constante traslación de los períodos, en que no se sabe ni nos importa si estamos en el presente o en el pasado, y en que los relatos se suceden a un ritmo delirante que demanda la total entrega por parte del lector”.
“Rulfo es un creador de mundos maravillosos en los que ocurren naturalmente cosas insólitas que, sin embargo, forman parte de la realidad en la que cree el pueblo latinoamericano”, revela Margarita Vásquez.
De acuerdo con la ensayista y narradora Gloria Guardia, Pedro Páramo es una pieza más lograda que El llano en llamas. “Porque Rulfo crea y desarrolla el perfil del escenario de la obra, como es el caso de la concepción del pueblo mítico de Comala, precursor del Aracata de Gabriel García Márquez; amplifica la trama al referirse ya sea para ejemplificar un período de la historia mexicana, ya para dejar atrás los años de la revolución mexicana; porque le da un manejo circular al espacio y al tiempo interno de la trama; porque intima en la personalidad de sus personajes, y porque singulariza las voces narrativas de estos”.
También, en Pedro Páramo resalta Guardia el tratamiento no cronológico ni convencional del tiempo “en función del desarrollo de la trama y de los personajes, la incorporación de elementos mágicos y míticos, propios de las culturas precolombinas de la región, y la exageración y deformación de la realidad para provocar sentimientos de asombro o rechazo. Sin embargo, en Pedro Páramo, Rulfo declara al inicio de la novela que la mente del personaje de Juan Preciado está poblada de sueños y visiones, razón suficiente para que el lector no se fíe de su visión a-normal u onírica del mundo”.
Para el abogado y escritor Juan David Morgan, “Rulfo pintó, en un pequeño lienzo, toda la tristeza, el escepticismo político, la tragedia y la indiferencia ante la muerte, del pueblo mexicano. Pedro Páramo es un poema en prosa pleno de metáforas y giros literarios originales. Cómo habrá sido de trascendente, que Rulfo, fundamentalmente con apenas un libro de cuentos y una novela corta, se hace acreedor al premio Príncipe de Asturias en 1983”.
EL ‘BOOM’
El fenómeno narrativo del boom latinoamericano, en el que sobresalen Gabriel García Márquez en Colombia, Julio Cortázar en Argentina, Carlos Fuentes en México, Guillermo Cabrera Infante en Cuba, y Mario Vargas Llosa en Perú, encuentran un oasis en la obra de Rulfo, dice Gloria Guardia.
“Rulfo ha sido reconocido como uno de los precursores del boom junto con Jorge Luis Borges, Miguel Ángel Asturias, Alejo Carpentier y Juan Carlos Onetti”, indica Margarita Vásquez.
Gloria Guardia destaca la yuxtaposición o convivencia mágica “entre vivos y muertos y entre el submundo y el mundo real. Como recurso narrativo, este será desarrollado posteriormente y con gran destreza por García Márquez en Cien años de soledad y en algunos de sus cuentos; Fuentes en Aura, Alejo Carpentier en El Reino de este mundo, y Miguel Ángel Asturias en Hombres de maíz”.
Morgan no está seguro del título de precursor. “El boom se hubiera dado aun sin Rulfo, dado los grandes escritores que integraron ese movimiento, igual que Rulfo se hubiera dado aun sin William Faulkner. ¿Influyó Rulfo en los escritores del boom? De la misma manera que cada uno de ellos influyó en sus pares”.
Justo Arroyo comparte que “todos los escritores del boom han dejado constancia de su deuda con Juan Rulfo. Y es fácil ver la huella experimental e innovadora de Rulfo en el desparpajo estilístico de Cortázar, García Márquez y Fuentes. Todos, de una forma u otra, lo hayamos leído o no, hemos sido tocados por Rulfo”.

