El producto interno bruto (PIB) nacional no anda mal, ni el promedio del índice de desarrollo humano, ni el ingreso per cápita. Pero la inequidad y la desigualdad sí. Las protestas de Curundú son hijas de estos flagelos. Duermen tranquilos mientras se desmoronan las instituciones, aquellas que existen, y muestran las venas abiertas del país.
Curundú es una plaza de laboratorio de inequidad. A alguien se le ocurrió construir edificios, pero a esas legiones beneficiarias nadie se ha interesado en educarlas sobre el mantenimiento y administración de ellos. Y que debe ser pagada la factura, bastante amistosa. El país grandilocuente de grandes obras de cemento olvida catequizar sobre la educación ciudadana, sobre todo a aquellos segmentos del Haití local, en donde la masa mayoritaria lleva, si puede, a casa menos de un balboa diario. Como las señoras de Curundú que se animan a protestar para que el Gobierno, intermediario de la empresa constructora de sus apartamentos de ellas, coloque pintura allá donde se esfumó y cambie la pieza del inodoro rota. Como ocurre con la gran mayoría de las viviendas populares.
La riqueza del país, medida a partir del PIB, está concentrada: la provincia de Panamá, con el 50% de la población, produce el 71% del PIB. Le siguen Colón y Chiriquí. Estas tres provincias, en conjunto, comparten el 89.4% de la riqueza.
El PIB per cápita (2012) promedio por habitante al año es más alto en Colón (10 mil dólares). No significa para nada riqueza para la mayoría colonense. En segundo lugar, está la provincia de Panamá (9 mil 400 dólares). Entre 3 mil 500 y 4 mil dólares por habitante es el PIB per cápita de Los Santos, Herrera y Bocas del Toro; más abajo se ubican Coclé, Chiriquí y Veraguas, y Darién (2 mil dólares).
Es la disparidad de la riqueza de nuestro Panamá. Se reduce, en forma progresiva, el peso del sector primario en el PIB (5%), cerca de un 15% en el sector secundario y más de 70% en el sector de comercio y servicios.
Es similar la economía, asentada en los servicios de la región interoceánica (Panamá y Colón) más Bocas. Más diversificada está en Chiriquí, Coclé y Herrera. Peso en el sector primario y secundario y menor en los servicios. La orientación de Los Santos, Veraguas y Darién es la actividad agropecuaria.
A pesar de estas diferencias, está presente el desafío de la sostenibilidad, el uso eficiente de los recursos naturales, con énfasis en las fuentes de energía renovable, como el desarrollo de capacidades en la población que posibilite la incorporación a actividades centradas en la generación de conocimiento y la inclusión de tecnologías amigables para generar un mayor valor agregado con un menor consumo de recursos.
Una de las asignaturas pendientes consiste en que muchas comunidades, sobre todo de las áreas rurales, accedan a la electricidad. Otro indicador de desarrollo. Hoy la leña es el principal combustible en las comarcas, sobre todo en la Ngäbe Buglé. Más del 90% usa leña como combustible. En promedio, en las áreas rurales el 34.7% de la población depende de la leña. Otro indicador de la baja sostenibilidad es la gestión de los residuos sólidos.
El 33.2% de la población, por otra parte, elimina la basura directamente en su entorno. En las zonas rurales, es del 77.6% y en las comarca, el 100%.
La electrificación y la deposición de la basura son retos en las áreas rurales. Existe una relación entre ambos problemas y la inequidad reinante. El grito de las mujeres de Curundú es el grito de un país que, como un Haití interno, no ha encontrado la senda del desarrollo y de las oportunidades en la nación con el ingreso per cápita más alto de la región.
