HISTORIAS DE CINE

El guion es como una partitura sinfónica

El guion es como una partitura sinfónica
El guion es como una partitura sinfónica

Eliseo Altunaga es guionista por tres hechos que experimentó en su vida. Por su educación salesiana, la lectura de la Historia Sagrada, “donde aparecen ángeles y demonios, cielos e infiernos” y después el cine mudo que consumió con fascinación en la Cinemateca de Cuba.

Le es difícil escoger quiénes son los más grandes guionistas del séptimo arte mundial, “porque el arte cinematográfico tiene más de 100 años y varios procedimientos de construcción de sentido. Podría hablarte de Charlie Chaplin, Stanley Kubrick, Yasujiro Ozu, Quentin Tarantino, Martin Scorsese y los hermanos Joel y Ethan Coen”, afirma quien está en el octavo Festival Internacional de Cine de Panamá para dictar el curso “La construcción de la biografía del personaje”.

“Al azar, podría señalar cuatro contemporáneos: Jean Claude Carrière, Margarita Duras, Peter Shaffer y Andrei Tarkovsky”, por sus guiones Dantón (Francia, 1982), Hiroshima mi amor (Francia, 1959), Amadeus (1984, Estados Unidos) y Espejo (1975, ex Unión Soviética), respectivamente, y de estos largometrajes resalta su historia y el manejo de temas como el amor, la mediocridad y el dolor.

Violeta y Larraín

El reto más difícil al que se ha enfrentado en su carrera fue con el guion de Violeta se fue a los cielos (Chile, 2011), del director Andrés Wood. “Cada uno de los miles de fanáticos de Violeta tenía una imagen particular de ella. Además, era una mujer muy singular y un alma profundamente femenina”.

Más de una vez ha escrito en conjunto con otros colegas. Un ejemplo fue el guion de Machuca (Chile), en el que también colaboraron Andrés Wood, Roberto Brodsky y Mamoun Hassan.

“Hace cerca de 20 años hice un taller durante un helado mes, en la productora de los hermanos Bustamante, en Chile. Era privado, regido por Lucho Mora para un grupo de especialistas del medio. Entre ellos estaba mi querido amigo Andrés Wood y la idea argumental de Machuca, un tanto autobiográfica, fue su trabajo final”, resalta.

Sancho

También es usual que sea consultor de guiones. “Es como el trabajo de Sancho con el Quijote. El escudero solo puede crecer si tiene un gran señor”.

Una muestra de esa labor fue en la película Tony Manero (2008). “Fue una verdadera fiesta trabajar con el joven Pablo Larraín y su enorme capacidad de recibir y refuncionalizar todo lo que entiende. Fue una pequeña, pero reconfortante contribución a una de las mejores películas de cine latinoamericano”, comenta quien no suele estar presente en los rodajes. “El guion es como la partitura de una sinfonía. No es la música. El concierto lo ejecutan los intérpretes”.

También colaboró con el argumento de Una mujer fantástica (Chile). “Hay que reconocerle al director Sebastián Lelio la autoría de la identidad del personaje protagonista, Marina”.

Sobre el porqué de tantas distinciones, entre ellas la estatuilla dorada de Hollywood en la categoría de mejor película extranjera, piensa que “con la inclusión de la identidad del personaje protagónico el relato se hizo muy atractivo, aunque no pensé que ganara el Óscar”.

El Óscar

Este año, en el premio Óscar obtuvo el guion original Green Book (Brian Hayes Currie, Peter Farrelly y Nick Vallelonga) y el guion adaptado fue para Infiltrado en el KKKlan (Spike Lee, Kevin Willmott, David Rabinowitz y Charlie Wachtel basados en un libro de Ron Stallworth).

El licenciado en Lengua y Literatura Hispánicas por la Universidad de la Habana evalúa ambos títulos: “Admiro a Spike Lee y su obra. Pero hay que reconocer la capacidad de la industria de tomar delicados temas de identidad o sociales y convertirlos en espectáculos de aceptación popular”.

Edición Impresa

ENVÍOS POR EMAIL