Dos heridas abiertas, una sola pena

Dos heridas abiertas, una sola pena
Cuando un pueblo exige justicia y recibe golpes.

La muestra “1964. Arte, Política, Panamá” del Museo de Arte Contemporáneo recuerda esa bandera herida, a esos hombres y mujeres golpeados y asesinados por llevar a cabo una protesta cívica y pacífica, seres que fueron humillados por representantes de una potencia mundial prepotente, que usó la violencia y el caos para resolver un problema que merecía otro tipo de solución.

Fue un combate desigual entre unos que lanzaban piedras y palos contra otros con armas de fuego que no dudaron en usar.

Hay sentidas canciones de figuras como Rubén Blades, Rómulo Castro y Pille Collado sobre el tema, así como hermosos versos de la poetisa Diana Morán.

También hay caricaturas de Eudoro Lolo Silvera y Peña Morán, historietas de Guillermo Meza, sin olvidar un impresionante mural de Olowaidi y la contribución plástica de Carlos González Palomino, Desiderio Sánchez, Julio Zachrisson, Isabel de Obaldía, Daniel Richards y Ricaurte Martínez, entre otros.

A esto sumarle material audiovisual y grabaciones originales de aquel 1964.

ESE DICIEMBRE

Igual los curadores han decidido construir un eje transversal en esta exhibición y crearon una sección dedicada a los acontecimientos del 20 de diciembre de 1989, fecha de la invasión de Estados Unidos a Panamá para derrocar un dictador que ellos habían alimentado por largo tiempo.

Tanto el 9 de enero como aquella víspera de la Navidad son dos momentos tristes de la memoria nacional del siglo pasado, donde la víctima y el victimario fueron los mismos, donde los mecanismos y los resultados tuvieron terribles semejanzas, y ambos afectaron la forma de entender la vida, la integridad, la nacionalidad y la democracia en Panamá.

En este aparte se presentan obras de Brooke Alfaro, Guillermo Trujillo, Cuqui Calderón, Rogelio Pietro, Eric Fajardo y Jonathan Harker, entre otros, así como canciones en torno a la mítica Cruzada Civilista y fragmentos de intervenciones públicas.

La consigna ante ambos sucesos dolorosos, como proclamaban los estudiantes del mayo francés en 1968, es “Prohibido olvidar”.

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