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La ilusión de ser feliz

La ilusión de ser feliz
La ilusión de ser feliz

A Verónica Perrota y a Gonzalo Delgado, guionistas y directores de Las toninas van al este, les seducía la idea de crear personajes que han definido como excesivos, y así surgieron Miguel Ángel y Virginia, padre e hija, que se ven poco, que son mentirosos profesionales y que tienen formas particulares de quererse.

“Son personajes casi ilimitados en algunas cosas, eso desde el guion hasta la actuación. Ensayamos bastante, no solo las escenas, sino los vínculos, porque estaba claro que era ese tono el que iba a sostener la historia y que nos iba a permitir a los actores la confianza para arriesgar”, resalta Perrota a este diario sobre los seres humanos que sostienen esta película que se presenta hoy martes 4 de abril, a las 7:00 p.m., en el teatro Anita Villalaz de San Felipe, como parte de la sexta edición del Festival Internacional de Cine de Panamá.

La escritura del guion fue lo que llevó más tiempo, aunque la también protagonista de esta comedia agridulce lo recuerda como uno de los momentos que más disfrutó del proceso de hacer este largometraje, producido por fondos de Uruguay, Argentina y Alemania.

“Nosotros, al igual que los personajes, somos de crear mundos, y tanto Virginia como Miguel Ángel son grandes fabuladores. Entonces nos daban muchas posibilidades y libertad. Son personajes que pueden incomodar por su complejidad, por cómo se pasan de la raya por momentos o toman decisiones que el espectador puede cuestionar, pero a la vez es difícil no empatizar con eso, porque lo que ellos buscan es que los acepten y los quieran”, explica Verónica Perrota, quien ha participado como intérprete en La espera (2002), Whisky (2004) y Acné (2008).

Uno de los temas de Las toninas van al este es la mentira como soporte de cierta estabilidad que te exige la sociedad occidental y cómo también es fruto de la soledad y el deseo de ser feliz. “Hoy es un juego necesario para mucha gente. Se necesitan dos para la mentira: uno que miente y uno que acepta el juego. Y parece ser que se sobrevive así… mostrándose de una forma que uno no es, lo que me parece agotador. La decadencia del padre y su soledad estuvieron siempre presentes. El deseo de ser feliz… mmm… en Virginia es una ilusión, eso la define”.

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