El infierno de Dante se trasladó al pabellón de menores del Centro de Cumplimiento de Tocumen.
Era la mañana del 9 de enero de 2011, cuando jóvenes privados de libertad protestan porque no había agua potable en las galerías desde hacía una semana.
Custodios y policías fueron los encargados de aplacar la ira de los muchachos. En medio de la operación ocurrió un incendio en la celda seis y siete menores sufrieron quemaduras entre el 40% y el 80% de sus cuerpos.
Los heridos fueron llevados al Hospital Santo Tomás, donde cinco de ellos morirían a causa de lo sucedido.
Un posterior informe del Cuerpo de Bomberos y del Instituto de Medicina Legal y Ciencias Forenses concluyó que el incendió ocurrió por el uso de una bomba lacrimógena que prendió un colchón de la celda y que los que estaban dentro no pudieron escapar porque estaba cerrada con un candado. Nadie abrió la puerta.
El primer contacto que tuvo el dramaturgo y director Arturo Wong Sagel con este hecho fue a través de la televisión nacional. Fue un reportaje donde se veían imágenes de humo, caos y gritos desesperados.
Aquello le impresionó porque le parecía ver una película en directo, pero no. “Ellos estaban allí, eso estaba pasando de verdad, y era como si no tuviesen consciencia de las cámaras, parecía una representación. Era tan espantosamente real, que me provocó mucha impotencia y rabia. Yo volvía a ver las imágenes una y otra vez, como si estuviese buscando algo, y por dentro algo me había hecho crac”.
En ese momento tuvo la certeza de que debía escribir sobre este tema. “Yo venía escribiendo hace un tiempo un texto sobre unos personajes que se escondían, pero no tenía claro de qué. Con el siniestro, empecé a escribir poemas y cosas que tuvieran que ver al respecto. Sentía la necesidad de hacerlo hasta que me encontré con esos personajes nuevamente y cobraron un rostro”.
El resultado fue la pieza Implicados que obtuvo en el 2016 el premio Ricardo Miró en la sección teatro. Será llevada a escena entre hoy 27 y el 29 de marzo, a las 7:30 p.m., en el Teatro Anita Villalaz (San Felipe), en el marco de la cuarta versión del Festival de Teatro Panameño que organiza el Instituto Nacional de Cultura. La producción es una responsabilidad de Espejo Roto y Alida Gerbarud de Fábrega.
Para Roberto Thomas, actor que participa de esta puesta en escena, los istmeños “están implicados al permanecer callados” ante estos casos que ocurren dentro y fuera de los penales. “En gran medida este silencio se genera por el miedo infundado por estas instituciones y su poder mal utilizado que hace que la sociedad sienta que no puede o no debe tomar cartas en el asunto”.
Andrés Morales, colega y compañero de tablas, plantea que “la sociedad debería ser más partícipe y no ser tan pasiva”.
Otro integrante del elenco de Implicados, Juan Villaverde, opina: “Nos hemos convertido en una sociedad que denuncia y comenta por redes sociales, pero actúa poco en la realidad. Fiscalizamos por estas vías, pero no actuamos como un verdadero poder ciudadano. La información poco relevante que capta la atención de los ciudadanos, hace que olvidemos las cosas que son verdaderamente importantes. Una de ellas es, sin duda, la realidad de las cárceles”.
Aunque los panameños, comenta Arturo Wong Sagel, “seamos indiferentes a los sucesos, de alguna manera nos afectan. Al final se trata de una vorágine de violencia que nos alcanza a todos. El panameño solo piensa en injusticia si tiene que ver con uno. Aunque aplaudo cuando la gente salió a marchar a la Procuraduría para exigir los nombres de los involucrados en el caso de Odebrecht, ahora como si se tratara de una temporada de Netflix dicen que los nombres serán revelados en junio, y pareciera que estuvieran negociando quiénes no quieren salir en los créditos. Hay que salir todos los días, hasta que sientan realmente la presión”.
El lado macabro de la realidad






