Un olor nauseabundo flota en el aire cuando Sherwood Robyn, una koala hembra de 12 años, se dirige a una sala del primer hospital australiano para estos marsupiales.
A primera vista, el animal parece sano. Pero el examen revela que tiene las “nalgas húmedas”, señal de una infección por clamidia que puede provocarle ceguera, esterilidad y la muerte.
No hay tratamiento contra esta infección de transmisión sexual que puede causar estragos en ellos.
Robyn presenta todos los síntomas de un estado avanzado y se cree que morirá dentro de unos meses.
Las epidemias recientes de infección por clamidia se deben en parte a que los humanos invaden el territorio de los koalas, explica Cheyne Flanagan, directora del hospital de los koalas de Port Macquarie.
“Los animales se encuentran bajo presión, se ven obligados a vivir más cerca los unos de los otros, lo que aumenta las interacciones entre individuos” y conlleva riesgos de contagio.
La rivalidad por el territorio y la comida aumenta el estrés, dañando al sistema inmunitario.
Unas perspectivas funestas para los koalas de la costa oriental de Australia, que sufren los ataques de perros y los efectos del cambio climático, además de los atropellos de los carros.
Cuando los primeros colonos británicos llegaron al país, en 1788, había más de 10 millones de koalas. Como viven en lo alto de los árboles, resulta difícil contarlos, pero el comité científico de las especies amenazadas calculó 188 mil en 2010.
En algunas zonas de Queensland ya han desaparecido, según un estudio reciente. En este estado, al igual que en Nueva Gales del Sur y en el territorio de la capital australiana, se les considera una especie “vulnerable”.
