Las máscaras de la depresión

Más que una tristeza o melancolía, el trastorno depresivo conlleva a alteraciones en la producción de neuroquímicos en el cerebro.

Las máscaras de la depresión
La depresión puede ser leve, moderada o severa. Fotolia

L La depresión no discrimina al elegir a sus víctimas.

Las vidas de personalidades reconocidas —como el actor Robin Williams, el músico Kurt Cobain y el escritor Ernest Hemingway— se vieron ensombrecidas tras padecer este trastorno, al punto de provocarse el suicido.

Se trata del trastorno mental más común en América Latina y el Caribe, según la Organización Mundial de la Salud (OMS).

El asunto va más allá de estar triste. Es una enfermedad mental clasificada en el grupo de los trastornos del humor, explica el psicólogo clínico Emmett Villavicencio, jefe del Departamento de Psicología Clínica del Instituto Nacional de Salud Mental (Insam).

A la fecha, la depresión es la patología de salud mental más frecuente que existe en el mundo, y es también uno de los menos diagnosticados y que más discapacidades y pérdida de años productivos genera, recalca la psiquiatra Juana Herrera, exdirectora del Insam.

Según su intensidad, el trastorno puede clasificarse en leve, moderado o severo.

Esta condición involucra alteraciones en la producción de neuroquímicos en el cerebro, explica la psiquiatra. Cuando neuroquímicos —como la serotonina— disminuyen comienzan a presentarse síntomas depresivos, detalla.

Esta enfermedad puede cursar síntomas psíquicos, como dificultad para concentrarse y mantener la atención, pensamientos o ideas recurrentes de minusvalía, culpa y vergüenza, problemas de memoria, enlentecimiento del pensamiento, pesimismo etc., así como síntomas somáticos, entre los que están pérdida o aumento del apetito, disminución de la líbido, agotamiento exagerado, trastornos del sueño e inhibición psicomotriz, enumera Villavicencio.

En algunos casos de la depresión severa se pueden observar síntomas psicóticos, como alucinaciones auditivas y visuales, ideas delirantes caracterizadas por temas de culpa y catástrofes.

FACTOR NEUROQUÍMICO

La depresión es una enfermedad que en su etapa severa puede conllevar al suicidio, de acuerdo a la OMS.

Herrera lo explica así: “La gente piensa erróneamente que la depresión es un tema que puedes sacudírtelo, así como te sacudes la ropa; sin embargo, es más que eso. Con el trastorno depresivo ocurren en el cerebro cambios neuroquímicos, por lo que si la persona no detecta los factores estresantes y desencadenantes, y si no le da tratamiento, dicha disminución de serotonina va a seguir bajando, ocasionando que se tenga, primero, un pensamiento negativo, luego una autoagresión mental, para continuar preparando el evento de hacerse daño porque esa es la vía que encuentra para solucionar su problema. El trastorno va llevando a la persona a pensar que si abandona este mundo dejaría tranquilos a aquellos que lo rodean, y su sufrimiento acabaría”.

TRATAMIENTO

Cuando se padece depresión, se tiene una pérdida significativa de la capacidad para experimentar placer en actividades que antes se disfrutaban, pérdida de motivación, así como la afectación para planear y ejecutar un proyecto de vida, menciona Villavicencio.

“La ausencia de un proyecto de vida, que supone una activa vinculación con el otro, enfrenta al sujeto con el vacío, la falta, la desesperanza, que a su vez empuja o moviliza un impulso autodestructivo. En este sentido, el suicidio es un peligro latente en la depresión, y debe ser entendido como un riesgo concreto y real”, apunta.

El psicólogo recalca que que en la actualidad millones de personas deprimidas recurren al suicidio, las adicciones o conductas autodestructivas como “una forma de dejar de sentir o manejar el dolor, pero es un dolor que no se limita a la experimentación o expresión sintomatológica, sino a un llamado en la trama intersubjetiva que la utiliza como una forma de comunicar”.

Por lo tanto, el psicólogo indica que es imperativo que al sujeto deprimido se le devuelva su capacidad para pensar, reflexionar, elaborar. Para esto es necesario la intervención farmacológica y psicoterapéutica.

El acompañamiento también es clave en el proceso, coinciden los especialistas.

Sigmund Freud, padre del psicoanálisis, expresó en una ocasión que “la ciencia moderna aún no ha producido un medicamento tranquilizador tan eficaz, como lo son unas pocas palabras bondadosas”.

En este sentido, Villavicencio explica que a pesar del avance en el campo farmacológico, esta frase no pierde vigencia puesto que el uso correcto y consistente del mejor antidepresivo dependerá en gran parte de la calidad de la relación entre paciente y el médico o psicoterapeuta.

La depresión se alivia, mas no se cura, recalca Herrera, porque “uno es un ser humano y vive emociones”. En este sentido, la psiquiatra recomienda aprender a manejar la situación con psicoterapia, fármacos y un estilo de vida saludable.


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