“El amor no tiene género”, dice la estampa de una camiseta de Omnia, una marca de ropa genderless que dos veinteañeras chilenas engendraron en Instagram y cuya primera colección se agotó en cosa de minutos.
La tendencia de la vestimenta sin género, genderless, neutra o unisex se destacó en los últimos años en las pasarelas de Milán a Nueva York, a pesar de que sus orígenes se remontan a Coco Chanel en la década de 1920 e incluso a las rebeldes flappers. Esta corriente, de modelos holgados o ajustados para adaptarse a cualquier silueta, toma impulso con sus propios referentes en América Latina, en un momento de efervescencia feminista y reivindicación de la diversidad sexual.
Diseñadores en Argentina, Brasil, Chile y México, entre otros, borran de sus creaciones los límites de lo tradicional para aventurarse a un estilo ligado a transformaciones sociales.
Mientras que las prendas ideadas por Andrés Jiménez, mayormente oversized, representan más que telas cortadas de tal o cual manera. “El mensaje principal es la libertad. Libertad para vestir lo que te guste. Libertad para ser quien quieres ser”, explica el diseñador.

