Un buen día, el ingeniero, escritor y político Ruperto Long descubrió las interesantes historias que se ocultaban en el interior de una persona que pensaba que conocía a la perfección desde hacía unos 20 años: Charlotte de Grünberg, directora general de la Universidad ORT Uruguay.
El pasado de esta dama era mucho más rico de lo que este uruguayo hubiera podido imaginar.
Ese mirar al pasado de esta amiga lo lleva a convertirla en uno de los personajes de su novela La niña que miraba los trenes partir (Editorial Aguilar), obra que presenta hoy miércoles 29 de marzo, a las 7:00 p.m., en la librería El Hombre de la Mancha, sucursal de Multiplaza. La entrada es libre.
“Luego, además, encontré que esas historias se entrelazaban –aun partiendo de distintos tiempos y lugares– en una única voz, que nos hablaba de amores intensos en épocas de odios terribles. De amores que vencieron los horrores de la Segunda Guerra Mundial”, comenta Long, autor de títulos como Piantao, Balada para Horacio Ferrer (Aguilar, 2013) y No dejaré memorias. El enigma del Conde de Lautréamont (Aguilar, 2012).
Su pieza narrativa traslada al lector a la Europa de la década de 1940, cuando los conflictos bélicos arrinconaban la paz, la justicia y la convivencia. Por entonces, Charlotte era una niña belga de ocho años que huía, junto con su familia, de la presencia del Holocausto orquestado por los nazis.
Desde que tomó la decisión de escribir esta historia, hasta su conclusión transcurrieron tres años, comenta Long. “Con Charlotte me reuní durante dos años, una vez al mes. También entrevisté a otras personas que vivieron en ese tiempo, como Domingo López Delgado o Tamara Amilakvari. Asimismo, hurgué en bibliotecas y archivos y aproveché toda ocasión que tuve para acercarme a las fuentes. Ya fuera en Francia, Bélgica, Suiza, Israel, Georgia o Uruguay”.
