¡Cuídate de los idus de marzo!, le advierte el adivino al todopoderoso Julio César, quien le ripostó en forma burlona. Sucede en la tragedia Julio César, de Shakespeare. Sucedió el asesinato. El poder político tampoco atiende razones y no quiere tropezarse con las supersticiones.
El dictador se cree infinito en vísperas de su fin: “Soy constante como la estrella del norte, cuya fijeza e inmutable condición no tiene semejanza en el firmamento”. Shakespeare escarba en las pasiones humanas que se entretejen en el ejercicio del poder. Y la historia de este magnicidio retrata a los humanos en su condición de poder, tanto de superiores como inferiores, como se debate en esa obra, escenificada en 1599 o 1600.
400 Shakespeare, Cervantes, Inca Garcilaso. Foro de la Academia Panameña de la Lengua. Feria del Libro Panamá, 2016. Participamos, en el salón Boquete, Gerardo Piña Rosales, director de la Academia Norteamericana de la Lengua Española, Rafael Ruiloba y este servidor.
Los tres escritores fallecieron en igual jornada, el 23 de abril de 1616. Shakespeare en Londres. Cervantes en Madrid. Inca en Córdoba, España. Hablé sobre el poder político en la dramaturgia de Shakespeare. Inglaterra, entonces, no había adoptado el calendario gregoriano, que adelantó las fechas en 10 días, y se mantenía con el juliano, que adoptó siglos después. Según el juliano, Shakespeare murió el 3 de mayo. El día fue el mismo. En la tragedia, el escritor expresa sobre Juan para que entienda Pedro. El asesinato de César es ejemplo para el poder isabelino, de la Inglaterra convulsionada y monárquica.
Nacen las pasiones de igual estructura política de la convivencia, como el patriotismo, el nacionalismo o la filiación política. Afectan al ser humano en cualquier circunstancia, pero pueden tener como desencadenante un hecho político. El resentimiento o el odio en movilizaciones políticas son evidentes. La pasión del poder se convierte en pasión por el poder político. El ansia de libertad puede concretarse en la lucha por la liberación política. Es un combustible el uso político de grandes pasiones como la venganza, la sumisión, el miedo, la envidia, la soberbia.
La pasión es una realidad controvertida. Es una emoción intensa, que monopoliza la mente de una persona o de una colectividad y despierta enormes energías. Por una parte, la pasión puede cegarnos; por otra, sin pasión no se puede hacer nada importante. Julio César prepara su coronación en el Senado. Sus futuros asesinos, al frente Bruto, consensuan el fin del gobernante. Cuchillo en ristre. Shakespeare pone al frente a un adivino, que se refiere a la tradición romana de los idus de marzo, y le advierte con todas las palabras que es preferible que no salga de la casa. Julio César, arrogante, dueño del mundo, ni repara en la advertencia. Los idus eran los días 13 de cada mes, excepto en marzo, mayo, julio y octubre, que se celebraba el día 15. ¿Qué significaban? Entre ellos destaca el conocido como “idus de marzo”, que designaba al día 15 del mes dedicado al dios de la guerra: Marte. Eran jornadas de buenas noticias, sin embargo, los caprichos de la historia establecieron que uno de estos días el propio Julio César fuera asesinado, en el año 44 a.C. Según el escritor griego Plutarco, César fue advertido del peligro por el vidente, pero lo menospreció y expresó: “Es un soñador”. Plutarco, fuente primera de Shakespeare, indica: “Lo que es más extraordinario aún es que un vidente le había advertido del grave peligro que le amenazaba en los idus de marzo, y ese día cuando iba al Senado, llamó al vidente y riendo le dijo: ‘Los idus de marzo ya han llegado’; a lo que el vidente contestó compasivamente: ‘Sí, pero aún no han acabado”.
