Juan Rulfo fue uno de los iniciadores de lo que después se conocería en las letras latinoamericanas como el realismo mágico.
Hoy 16 de mayo se cumple el centenario del nacimiento de este escritor jalisciense, quien fue el heredero en el continente americano de lo que en Europa en términos narrativos hicieron Marcel Proust, Virginia Woolf y James Joyce, y en Estados Unidos William Faulkner.
Estos recursos narrativos, enumera la académica Gloria Guardia, fueron “la ambigüedad en el desarrollo de la trama y en el uso de los tiempos verbales lenguaje; la multiperspectividad; la fragmentación de la trama; la dislocación de los tiempos y temas tratados, y la utilización de diversas voces narrativas con el fin de definir la función y la personalidad de cada personaje”.
“Tanto El llano en llamas (1953) como Pedro Páramo (1955) han sido consagrados como clásicos de la Literatura Universal y de la Literatura Latinoamericana”, resalta la docente Margarita Vázquez, directora de la Academia Panameña de la Lengua.
Para el académico y novelista Justo Arroyo, El llano en llamas es una de las obras “más subyugantes por la riqueza temática y estilística, por esa concentración de Rulfo que lo lleva a construir un mundo literario sobrio, denso, en que cada palabra es la exacta, cada diálogo el preciso. Rulfo es el ejemplo más alto de lo que debe ser no solo un gran cuentista, sino un gran escritor, y por eso escribió poco, porque no concebía el desperdicio. En El llano en llamas la precisión, la economía, van de la mano de una indagación en los temas eternos, como la familia, la pobreza, la soledad y la muerte”.
De las 17 narraciones que integran El llano en llamas, la escritora Gloria Guardia destaca “La cuesta de las comadres”, “Es que somos pobres”, “Llano en llamas”, “No oyes ladrar a los perros” y “El día del derrumbe”.
Guardia selecciona estas cinco piezas porque “son características de un período preciso de la literatura mexicana en cuanto que estas todavía no han dejado atrás ni el tema de la revolución mexicana, ni tampoco el uso de un lenguaje y de escenarios costumbristas, y porque son precursoras de la Nueva Novela Latinoamericana en el uso que hace de ciertos recursos estilísticos que encontraremos más tarde en Pedro Páramo”.
A pesar de que la temática es muy específica, resalta el académico y novelista Juan David Morgan, “Rulfo logra, por la profundidad de su narración, universalizar lo mexicano. El llano en llamas habría sido suficiente para catapultar a su autor a la cima de la narrativa hispanoamericana, pero, paradójicamente, pierde algo de su gloria cuando publica, posteriormente, su novela corta Pedro Páramo”.
VEA: La genialidad de Juan Rulfo

