Un año después de la muerte de la icónica actriz Lauren Bacall, su legado artístico continúa vigente mientras que sus pertenencias encuentran comprador en subastas y su apartamento de Manhattan, en Mueva York, donde la artista vivió más de 30 años, tiene un nuevo propietario.
Bacall falleció el 12 de agosto de 2014, con 89 años, tras sufrir un derrame cerebral un día después del suicidio de su colega, el actor Robin Williams, cuya trágica desaparición eclipsó la despedida de una mujer cuyo nombre se asocia inevitablemente al de Humphrey Bogart.
Nacida el 16 de septiembre de 1924 en el Bronx (Nueva York) con el nombre de Betty Joan Perske, persiguió el sueño de dedicarse a la interpretación tras un primer impulso de ser periodista, y con su debut cinematográfico en 1944 en To Have and Have not se convirtió en una estrella.
Tenía 19 años y aquel filme fue el primero de sus trabajos en clásicos del cine negro con Bogart, con quien se casó en un rancho en Ohio en mayo de 1945.
El carismático intérprete, que por entonces tenía 45 años, fallecería en 1957 de cáncer. Bacall, con 32 años y dos hijos pequeños (Stephen Humphrey Bogart y Leslie Bogart), continuó su vida cada vez más lejos de Hollywood y apegada al teatro, donde brilló con dos premios Tony.
Su primera y única nominación al Óscar le llegó en 1997 por su papel de anciana en The Mirror Has Two Faces (1996), una estatuilla que parecía que caería en sus manos para hacer justicia a un legado que merecía más atención por parte de la industria del cine, aunque fue para Juliette Binoche, para sorpresa de muchos.
El jarro de agua fría fue compensado con la estatuilla honorífica que la estrella del celuloide recogió en 2009.
En un testamento escrito en septiembre de 2013, la actriz dejó a sus tres hijos una herencia multimillonaria y una petición de que mantuvieran en privado ciertas cartas, diarios y objetos personales.

