EL PODER DE LEER

La realidad observada por un reportero

La realidad observada por un reportero
La realidad observada por un reportero

Héctor Feliciano es hijo del Caribe. Como cabe esperarse te echa el cuento cuando te habla, no importa si el tema a tratar es sobre la comunicación social, la música, los libros o la vida.

Desde pronto leer le permitió entender la realidad. Tenía dos años y medio cuando sus padres discutían sobre cómo llegar a una calle en Río Piedras, en su Puerto Rico natal, y el futuro periodista y escritor les ayudó a resolver aquel misterio.

¿Cómo pudo? El niño lo había leído de forma previa. Después de tamaña conquista se empeñó en seguir con la lectura, porque era una manera de abrirle nuevos horizontes. Leyó cuanta pared se encontraba y así descubrió los nombres de las calles, de las avenidas y de los establecimientos...

Ese entender su entorno se hizo aún más presente cuando conoció la literatura. De chiquillo estaba convencido de que era el mismísimo Jim Hawkins y comenzó a interactuar con el almirante Benbow y el pirata Billy Bones, personajes de La Isla del Tesoro, del escocés Robert Louis Stevenson, una novela que fue regalo de sus padres por motivo de sus cumpleaños.

Gabo

De adulto uno de sus autores de cabecera es Gabriel García Márquez, sin saber que el destino más adelante le permitiría conocer de cerca a este colombiano universal y premio Nobel de Literatura.

Entre todas las novelas de Gabo se queda con Cien años de soledad, la valora de forma especial porque, otra vez, le colaboró a desentrañar lo real desde la ficción. Confiesa que los miembros de la familia Buendía fueron el vehículo perfecto para entender a los abuelos de Feliciano.

Al autor de Crónica de una muerte anunciada lo conoció hace unos 15 años, cuando el hijo del telegrafista le preguntó a un amigo francés de Feliciano por un periodista que pudiera dar talleres sobre periodismo cultural en la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano (FNPI) y su nombre salió a relucir.

“Simpatizamos mucho porque ambos éramos del Caribe. Gabo seguía siendo Caribe, aunque viviera tantos años en México y Europa”, recuerda quien ha colaborado en El País, The Washington Post, Los Angeles Times y Clarín.

Más que un tótem de las letras en las letras castellanas, que lo es, este académico de la lengua rememora al hijo de Gabriel Eligio García y Luisa Santiaga Márquez como un ser amable y humilde. “Siempre nos fuimos de broma en broma, porque él tenía un excelente sentido del humor”.

La última vez que lo vio fue seis meses antes de que el padre supremo de Macondo falleciera el 17 de abril de 2014. Fue en la casa que tenía el narrador en México D.F. y conversaron sobre el contenido fotográfico del libro Gabo, periodista, en el que Héctor Feliciano fungió como director editorial y corrió por cuenta de la FNPI.

Versos

Tiene otros ídolos en su altar de creadores admirados: el cuentista mexicano Juan Rulfo, el novelista chileno Roberto Bolaños y el poeta argentino Jorge Luis Borges.

Es cuando resalta que para escribir bien hay que leer la mayor cantidad posible de poesía. Los versos enseñan sobre cadencia y ritmo, que cada palabra está colmada de matices, a cómo se inicia un texto y cómo debe terminarse una historia...

Como cualquier mortal que se precie, el propio Feliciano cayó de joven en la dulce tentación de escribir poesías, aunque pronto prefirió devorar los poemarios de los maestros Rubén Darío (Nicaragua), Pablo Neruda (Chile) y el ya citado creador de El Aleph.

Destaca que en términos populares, la poesía se hace presente en los boleros y en las telenovelas, aunque sean manifestaciones que se desenvuelven entre lo cursi y lo melodramático. “Las personas comemos palabras de distintas maneras”, anota quien tiene una maestría de la Escuela de Periodismo de la Universidad de Columbia.

Periodismo

Si los adultos lo ayudaron a transitar por los recovecos de la imaginación, también colaboraron a su abordaje al periodismo. Escuchaba fascinado a sus padres y familiares hablando de política y Héctor Feliciano leía las primeras planas para comprender lo que le circundaba, para tener conversa con los suyos, y para calmar su sed de entender.

Su relación con la palabra impresa comenzó a los 16 años, en el colegio San Ignacio, donde estudiaba y donde colaboró en una publicación sediciosa, clandestina, de protesta, El Mosquito, en la que los estudiantes le reclamaban a los profesores y a los administrativos lo que pensaban no estaba bien puesto en el plantel.

El periodismo cultural es lo suyo. “El lenguaje es mi campo”, admite. “Son las historias que mejor me salen, es de lo que conozco, lo que menos ignoro. Se me da de forma natural, no podría escribir sobre economía, no me da, aunque sea tan interesante y tan necesaria”.

Dizzy

La primera entrevista que le marcó fue la que le hizo al músico Dizzy Gillespie, a finales de la década de 1980, en New Jersey.

Héctor Feliciano iba orondo y seguro, con una lista de preguntas, pero pronto descubrió que él interrogaba por aquí y el trompetista se iba por allá, por lo que conversaron sin un cuestionario estricto. Aquello duró tres horas.

Investigación

Su libro más emblemático es El Museo desaparecido, una exhaustiva investigación periodística sobre el saqueo de arte realizado por los nazis, obra por la que la Universidad de Columbia le otorgó la beca del National Arts Journalism Fellowship Program.

“Tuve mucha suerte. Uno como periodista siempre sueña con escribir una nota que tenga algún valor y que pueda colaborar a cambiar algo. El alcance de este libro me confirmó que el periodismo todavía es capaz de transformar y resolver algunos problemas en el mundo”, comenta este licenciado en historia por la Universidad de Brandeis.

“Fue un hecho feliz” que este reportaje largo sirviera para hacerle justicia a los que la Alemania nazi les robó, de forma sistemática, sus obras de arte durante la Segunda Guerra Mundial.

También el redactar cómo fueron los métodos usados por la jerarquía del Tercer Reich (de Adolf Hitler a Goering) fue un ejercicio interesante. “Porque lo escribí en francés en 1996, luego lo pasé al inglés y al reescribirlo en su versión al español me permitió agregarle como 70 páginas nuevas. Fue escribir desde idiomas y culturas diferentes”.

“Su éxito y sus logros fueron una sorpresa para mí”, ya que su indagación permitió que más de una obra de arte regresara a las manos de sus legítimos dueños: los Rothschild, los Schloss, David David-Weill, Paul Rosenberg, los hermanos Berheim-Jeune...

Esto también le permitió formar parte del Comité de expertos de la Comisión Presidencial de Bienes del Holocausto en Estados Unidos (Presidential Commission on Holocaust Assets in the United States), creada durante el mandato del presidente estadounidense Bill Clinton.

Vigencia

Opina que la literatura y el periodismo son valiosos porque ayudan al ser humano “a vivir. Son como el aire, como la comida”. Ambas colaboran a dudar, eso sí, recomienda que esos cuestionamientos se hagan sin excesos. “Las dos nos permiten conocer los códigos y a romper esos códigos para hacer otros nuevos”.

Comprende que con la llegada de la internet y las redes sociales el periodismo se ha transformado. Lo que no cambia en el ámbito digital, plantea, es comunicar con precisión y análisis.

En estos tiempos de noticias falsas, piensa que el buen periodista es indispensable para la sociedad, porque orienta al lector que está inmerso en una sobredosis de información. “Puedes leer 20 tuits sobre algo y será el periodista quien te ayude a ver lo que hay detrás de ese mensaje hecho de 140 caracteres”.

Le preocupa que el tema cultural tiene rato siendo víctima de un retroceso ante el elemento farandulesco, en el que la curiosidad y el deseo de informar sobre el arte han sido reemplazados por lo trivial y fatuo.

Sobre la crisis del periodismo, y de los libros, advierte que la situación no comenzó con Twitter o los blogs, sino que viene de los días cuando surgió la radio y la televisión. “La libertad de expresión y la veracidad de las notas son luchas que deben continuarse y en esa batalla los periodistas son los excelentes defensores de esas causas”.

Panamá

Venir al istmo a dictar un taller sobre periodismo cultural lo tiene animado.

“Puerto Rico y Panamá se parecen mucho”, porque hay muchos lazos que los unen: su forma de ser, el humor, el mar y la música.

“Ustedes sienten como propios” a leyendas de la salsa como Ismael Rivera, Cheo Feliciano, Héctor Lavoe, Ismael Miranda, Gilberto Santa Rosa... “A Rubén Blades (cantautor nacional) lo sentimos como si fuera de nosotros”.

El taller

Durante cinco días, los talleristas cubrirán la Feria del Libro con Héctor Feliciano. Abordarán la entrevista y el reportaje con producción en directo: cómo planificar, reportear y escribir piezas culturales. Más información: concolon.panama@gmail.com

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