Una historia familiar vinculada con Gioconda Belli (Managua, Nicaragua, 1948) fue la que impulsó que esta narradora y poetisa escribiera Las fiebres de la memoria, finalista del Premio de la III Bienal de Novela Mario Vargas Llosa.
Hace un tiempo se puso a pensar en el potencial literario que tenía el devenir de su abuela Graciela Zapata Choiseul de Praslin, y cómo sus descendientes estaban vinculados con un escándalo que sacudió a la corte francesa del siglo XIX.
“Redescubrí que mi abuela era más fascinante de lo que yo pensaba de niña. También me capturó mucho la escritura de esta novela y el proceso de hacerla”, comenta quien participó en el festival Centroamérica Cuenta, que se realizó en el marco de la Feria Internacional del Libro de Costa Rica.

“A mí me encantaba esa señora. Era una mujer con una gran vitalidad. Le gustaba caminar. Era alta, guapa y tenía el hotel más importante de Matagalpa, ciudad donde era muy querida. Ella se casó con un señor Bermúdez y el establecimiento se llamaba el Hotel Bermúdez”, comenta quien obtuvo el Premio Biblioteca Breve y el Sor Juana Inés de la Cruz por su novela El infinito en la palma de la mano (2008).
Lamenta que nunca conversó con ella sobre su pasado. “Me hubiera encantado saber más sobre la historia de ella y sobre mi papá. Ya cuando me comenzó a interesar, desde otro punto de vista, ya no tuvimos tiempo. Solo supe que tenía una hermana en Los Ángeles (Estados Unidos). A Graciela le encantaban los zapatos y cuando venía de visitar a su hermana traía su maleta llena de calzados. En la Aduana de Nicaragua le preguntaban por qué todos esos zapatos, eran nuevos, y ella le respondió que en Estados Unidos todo es alfombrado. Le creyeron” (ríe con ganas).
Recuerda que cuando llegaba a la casa de esa abuela siempre los recibía con jolgorio. “Nos daba de comer comida bien rica de Nicaragua como gallo pinto y empanadas. A diferencia de mi casa, donde se comía mucha comida italiana por el lado de los Belli”.

El nombre completo de la señora era Graciela Zapata Choiseul de Praslin y era hija de Charles Choiseul de Praslin, un noble vinculado con Luis Felipe I de Orleans, rey de Francia.
Un embajador francés en Nicaragua le facilitó el acceso a la Biblioteca Nacional de Francia, donde encontró muchos libros que hablaban de Charles.
Incluso existe un largometraje protagonizado por Bette Davis y Charles Boyer, titulado All This, and Heaven Too (1940), del director Anatole Litvak y basada en una novela de Rachel Field que gira en torno a un romance ilícito entre una institutriz y un noble. Este drama romántico recibió tres nominaciones al premio Óscar: película, actriz de reparto y fotografía.
Aquella relación fue muy sonada en la Francia de 1847. “Gran parte de la culpa de haber sido un escándalo fue el rumor de que el rey había salvado a Charles y lo había ayudado a escapar a Estados Unidos después que Charles intentó fallidamente suicidarse. El rey cae en 1848 por ese caso y un escándalo de una estafa con otro señor”.

Reinventarse
La novela La fiebre de la memoria transcurre tanto en Europa como en el Nuevo Mundo. Acerca a los lectores con los sucesos de la fiebre del oro de California, destino original que tenía Charles, aunque al pasar por la patria de Gioconda Belli se enamoró de la exhuberancia centroamericana.
Esta pieza narrativa, entre otras, es sobre la capacidad humana de reinventarse. “Porque es la historia de un hombre que pierde todo lo que es, que tiene que intentar morir y vuelve a empezar en otra parte bien lejos de Francia. Tiene que cambiarse el nombre y pierde sus bienes. Tiene que comenzar de cero. Él recupera su nombre años después cuando se siente más seguro y cuando no desea desaparecer por completo”.
Gioconda Belli sabe algo de esos avatares por los que pasó Charles Choiseul de Praslin. “Yo tuve que exiliarme porque la “justicia” de la dictadura de Somoza me impuso la cárcel. Yo era una fugitiva. Me tuve que cambiar de identidad y hasta de nombre. Tuve que aprender otro idioma. Por eso me pude identificar con lo que le pasó a Charles”.
“Si analizas la historia en mayúscula, las migraciones han ocurrido siglo tras siglo. En la novela también hablo de la inmigración irlandesa. Cuando Charles cruza el Atlántico para llegar a Nueva York, su barco está lleno de irlandeses que estaban huyendo de la hambruna de la papa, donde murieron millones de personas, porque no tenían qué comer literalmente, porque las papas tenían una plaga”, reflexiona la autora de las novelas Sofía de los presagios (1990), Waslala (1996) y El pergamino de la seducción (2005).

Tiempos violentos
Gioconda Belli lamenta que miles de oriundos de Nicaragua buscan nuevas oportunidades en Estados Unidos, debido a la pobreza y a la represión del presiente Daniel Ortega. “Es una situación triste y difícil. Hemos sufrido mucho. En Nicaragua el sufrimiento es superlativo porque es el país de Sísifo: siempre estamos subiendo una piedra que luego se nos cae y debemos otra vez subirla. A la Nicaragua de hoy la veo fatal. Nuestra situación es desafortunadamente cíclica y no sé por qué pasa eso”.
Piensa que Nicaragua está marcada por las rivalidades y las rencillas. “Siempre hemos tenido a una Nicaragua dividida entre dos colores o dos ideologías. Tenemos una incapacidad de poder encontrar puntos en común y de convergencia. Por eso, cuando viene un tirano como en el caso de los Somozas, y ahora con el caso de Daniel Ortega, eso se exacerba y allí es cuando comienzan las guerras. Salimos de la guerra contra Somoza para entrar en la de los Contra (contrarrevolucionarios que lucharon ante el Frente Sandinista de Liberación Nacional ). Luego pasamos un pedacito de tiempo en la que empezamos a crear una democracia y ahora otra vez estamos en una situación que parece que no se va a resolver de forma cívica”.
No quiere otra guerra, aunque el panorama le parece sombrío. “Al paso que vamos no sé qué va a pasar, porque un pueblo tampoco resiste para siempre este tipo de represiones y de esclavitud. Espero no volver a ver otra guerra, pero esta dictadura no se puede convertir en una dictadura como la de Somoza que duró más de 45 años. La parte buena de esta rebelión, es que se activó automática cuando Daniel Ortega empezó a reprimir y aguantamos un montón de sus arbitrariedades y cambios de la institución, más fraudes electorales, pero en el momento que la gente vio que estaban golpeando y matando, allí, de repente, toda la memoria histórica de la dictadura de Somoza se activó y dijimos: “no más”, “ esto no puede ser”.

