El primer reportero se concentra en saber y conocer. No se puede ser periodista sin ser reportero. Su propósito mayor es informar. Desarrolla su tarea en años del siglo V antes de Cristo. Es Heródoto, nacido en Halicarnaso, Anatolia. Él idea procedimientos para descubrir, conocer y describir la historia, in statu nascendi; cómo los hombres la crean y por qué a menudo se desplazan en dirección contraria a la que ellos desean y ambicionan. Se percata de que el camino de un reportero es la fuente. Pero no una sola, sino una cantidad abrumadora. Se impone este reportero el más ambicioso de los objetivos: inmortalizar la historia del mundo. Las personas solo recuerdan aquello que quieren recordar y no lo que en verdad ha sucedido. Cada individuo la tiñe del color que más le conviene y prepara en su crisol particular su propia mezcla. Imposible desentrañar el pasado tal como fue; sólo podemos acceder a sus muchas variantes, a versiones más o menos verosímiles o a las que mejor se ajusten a nuestras expectativas.
Este reportero y narrador polemiza con sus compatriotas. Prueba que los griegos sin la cultura egipcia no serían nada. Interacción constante entre las civilizaciones. Es cronista y, a la vez, patriota griego. Patriota y no patriotero. Selecciona palabras dramáticas, que sirven para mostrar la desgracia humana dentro del conflicto. Le importa exponer las razones de las dos partes del conflicto. Ofrece los materiales necesarios para que se formen su propia opinión. Intercala preguntas en sus relatos.
Cita variadas y diversas opiniones sobre un acontecimiento o las rechaza por absurdas. Construye con su relato aquello que 25 siglos después denominamos “discurso periodístico”. Idea central de mi tesis doctoral, que me dirigió don Fernando Lázaro Carreter, en la Universidad Complutense.
Cualquier parecido con la narración contemporánea no es pura coincidencia: “según los persas...”, “a decir de los griegos...”; “unos dicen... otros, en cambio, sostienen...”.
Basa su metodología en la observación personal (descripción geográfica, descripción de costumbres y aspectos relevantes); parte de fuentes escritas (autores presocráticos e incluso jeroglíficos), testimonios orales, y una buena dosis de argumentación para establecer relaciones de afinidad o profundizar en el examen crítico de lo enjuiciable. No faltan los oráculos, con sus comentarios posteventum, y el querer de los dioses.
Fuente de información valiosa son los depositarios de la memoria: los cronistas espontáneos y contadores ambulantes, tatarabuelos de los pregoneros de nuestras campiñas, en peligro de extinción, y parientes lejanos de los trovadores de décimas.
Criticado por desconocer nociones de táctica y estrategia militar. Pionero de la corresponsalía de guerra...
Padre de la historiografía y primer reportero. En el año 444 antes de Cristo escribió su obra Historia, considerada el primer reportaje. Está dividida en nueve libros, dedicados a las nueve musas: Clío, Euterpe, Talía… Narra con precisión las Guerras Médicas entre Grecia y Persia.
Autocrítico de su trabajo, Heródoto admite: “Si yo me veo en el deber de referir lo que se cuenta, no me veo obligado a creérmelo todo a rajatabla; y que esta afirmación se aplique a la totalidad de mi obra”.
El autor es periodista, filólogo y docente.

