El Museo Picasso de Barcelona presentó la exposición “Cubismo y guerra”, sobre cómo este movimiento artístico sobrevivió y siguió evolucionando en París a pesar de la destrucción y las penurias de la Primera Guerra Mundial.
Nacido en vísperas de la Gran Guerra, el cubismo “podría haberse interrumpido, pero lo mantuvieron vivo, no lo dejaron morir. Es algo extraordinario con la catástrofe y la masacre tan cerca”, explicó el comisario Christopher Green.
Con obras llegadas de museos como el MoMA de Nueva York, el Georges Pompidou de París o la Tate Modern de Londres, la muestra repasa la producción cubista entre 1913 y 1919 de artistas como los españoles Picasso y Juan Gris, el mexicano Diego Rivera o los franceses Henri Matisse, Georges Braque y Fernand Léger. Los dos últimos vivieron la guerra de primera mano al ser movilizados por las tropas francesas, pero los demás tampoco estuvieron ajenos al devenir del conflicto en un París a apenas 100 kilómetros del frente, frío y con escasez de comida.
Aun así, la exposición desprende una visión optimista, con lienzos coloristas y vitales, en los que la guerra apenas está presente. “Había un rechazo de su parte (a tratarla). Para ellos, hacer arte trataba sobre la construcción y la guerra era destrucción, era muerte. Se dieron cuenta de que la fotografía y el filme ilustraban mejor la guerra de lo que ningún pintor podría”, añadió.
El recorrido empieza con fotografías de la guerra, en una sala en blanco y negro para introducir al visitante en el momento histórico sobre el que versa la muestra.

