Al parecer sería recomendable que antes de cada episodio de And just like that…, la nueva serie de HBO y secuela del exitoso show Sex and the city, se le advirtiera al espectador que está frente a una serie distinta a su antecesora. Sí, tres de sus cuatro protagonistas originales están de vuelta para compartir sus dichas y adversidades en la ciudad de New York (Estados Unidos), pero como sucedió en la vida real, después de 17 años de la emisión del último episodio de la serie original, el mundo cambió.
Los personajes interpretados por Sarah Jessica Parker (Carrie), Cynthia Nixon (Miranda) y Kristin Davis (Charlotte) regresan como mujeres que, tras seis temporadas pasadas, aparentemente han encontrado el éxito y el equilibrio entre su vida personal y amorosa, pero descubren que en la vida cada meta alcanzada es el inicio de una nueva carrera.
Y es que esta serie, al igual que sus estrellas, es más madura. Ya no son chicas que salen de fiestas en las noches, que desean encontrar el amor de sus vidas o, por qué no, a alguien que les haga tener un orgasmo. Ahora son mujeres arriba de los 50 años que, como suele suceder, no se dieron cuenta cuando el mundo dejó de ser el que conocían, cuando sus cuerpos cambiaron, y en la que se suponía tener que ser una etapa en donde todo estuviese bajo control, han tenido que volver a aprender.
Dicha madurez también debe ser adoptada por el espectador, porque estamos ante una serie que nos dice que en los cuentos de hadas, sobre todo los de las grandes ciudades, el final puede cambiar a “vivieron felices… por un tiempo”.

Pero a pesar de estas diferencias And just like that… sigue teniendo el mismo espíritu que Sex and the City, continúa siendo una declaración feminista. Si bien la importancia de su predecesora estuvo en mostrar que las mujeres también sienten deseos sexuales, que no siempre necesitan amor para llevar a alguien a la cama (sin que esto las convierta en unas desvergonzadas), o que les gusta explorar, experimentar y disfrutar bajo las sábanas al igual que un hombre; esta nueva entrega se enfoca en algo aún más natural: que las mujeres envejecen.
Y pudiera sonar tonta y obvia dicha afirmación, pero como han demostrado las reacciones de gran parte de la audiencia, aún la sociedad parece no aceptar a la vejez como algo positivo para mostrar. Prueba de esto es que las actrices han tenido que salir adelante ante las constantes críticas por su aspecto (arrugas, canas, etc.) y ser muy enfáticas en que se rehúsan a “disculparse por haber envejecido”.
Dicho esto es entendible que la vejez sea eje central de la trama, pero no el sentido físico, sino filosófico y social. ¿Hasta qué edad se nos permite arrepentirnos por nuestras decisiones? ¿Cuántas oportunidades tenemos para volver a comenzar? ¿Existe un límite de tiempo para buscar y encontrar el amor? Son algunas de las preguntas que maneja esta serie, cuyos episodios rondan los 60 minutos de duración.
Y aunque muchos consideren que estos cambios y la inclusión de nuevos personajes que muestran diversidad, ya sea sexual o étnica, lo que busca es simpatizar con las nuevas generaciones, lo cierto es que es una serie hecha para los antiguos fanáticos. Para los televidentes que crecieron viendo el programa, que se identificaban con las historias de sus protagonistas y que entenderán mejor que nadie el significado de la palabra perdida. Y ese es otro sentimiento que se vuelve importante para la trama. And just like that… es un recordatorio de que los seres queridos mueren, las amistades se distancian y el amor no siempre dura para siempre.
Estamos pues ante una serie que aceptó, abrazó y supo aprovechar los cambios. Que nos recuerda que nunca se trató sobre el sexo sino sobre la vida. Esa a la que no le importan los planes, las expectativas o nuestros deseos, ella simplemente fluye y cuando menos se espera, cambia de dirección.
Todos estos aspectos son manejados con un poco del humor negro que caracterizó a la primera entrega. La moda, el glamour y La gran manzana siguen siendo coprotagonistas de la historia. Los nuevos rostros de New York entran en escena, de forma casi obligatoria, para mostrar cómo ha evolucionado el sexo en la ciudad. Y lo más importante, que no importa qué tan distantes creamos que las diferencias de edades nos vuelven, los miedos y el amor, siempre nos hacen iguales.



