Una nueva ola de películas de terror inteligente y de bajo costo está desafiando a los grandes estudios con una fórmula que cambia el exceso de sangre y los sofisticados efectos especiales por buen suspenso a la antigua usanza.
Don’t Breathe, que se estrenó ayer en Estados Unidos apuntalada por una excelente crítica, está llamada a igualar el éxito de Babadook (2014), It Follows (2014) y otros títulos hechos con presupuesto ajustado que han arrasado en la taquilla norteamericana.
Sin contar con la maquinaria de comercialización de los hits cinematográficos del verano, estas películas a menudo triunfan gracias al “boca a boca”, ganando impulso a medida que los críticos halagan su inflexible negativa a utilizar los recursos de terror habituales.
“El estilo de terror que prevalece en estos días es todo lo que sea inteligente, una nueva versión de una vieja historia, o un tráiler increíble”, apuntó Jeff Bock, de la empresa de investigación de la industria cinematográfica Exhibitor Relations. “Como hemos visto últimamente, las películas de terror inteligentes están en boga en este momento”, dijo, añadiendo, sin embargo, que siempre resulta emocionante que “un ícono de terror reviva para una nueva persecución”.
Daniel Zovatto es el protagonista de la cinta de Federico Álvarez Don’t Breathe. Se trata del segundo largometraje del director uruguayo tras el remake que hiciera en 2013 del clásico de terror Evil Dead. Realizada con un presupuesto de apenas 10 millones de dólares, Don’t Breathe relata cómo un trío de amigos irrumpen en la casa de un ciego ermitaño y terminan en una aterradora lucha entre la vida y la muerte.

