En torno a un árbol milenario

El olivo, u olea europaea, es nativo de Asia Menor y fue desde ahí que se dispersó a Irán, Siria, Palestina y al resto de la cuenca del Mediterráneo, hace 5 mil años.

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En torno a un árbol milenario

Está entre los más antiguos árboles cultivados, ya que su cultivo precede a la invención de la escritura. Ya en el año 3 mil a. C. crecía en Creta, y puede haber sido una gran fuente de riqueza para la cultura minoica.

Los fenicios llevaron el olivo hasta las costas mediterráneas de África y Europa del Sur, y a los primeros griegos y romanos, quienes al extender su imperio lo llevaron doquiera fueron; en los últimos siglos, el olivo ha llegado hasta Norte y Suramérica, Japón, Nueva Zelanda y Australia.

Atenas recibió el nombre de la diosa Palas Atenea, quien dio el olivo a los griegos. Zeus había prometido dar Ática al dios o diosa que le presentase el invento más útil. El don de Atena, el olivo, que resultó ser útil ya fuese para producir luz, calor, comida, medicamentos o perfumes, fue seleccionado como el más útil, incluso mucho más que el de Poseidón -el caballo- ya que el olivo era útil para la paz, mientras el caballo sería instrumento de guerra. Atenas plantó el primer olivo en una colina rocosa, conocida hoy en día como el Acrópolis.

Son casi 200 las variedades de olivos que conocemos hoy día, y sus frutos, o aceitunas, presentan una gama de características: duras, suaves, ácidas, dulces, negras, verdes, moradas, rosadas, redondas, ovaladas, etc. El olivo es un árbol perenne, cuyo follaje presenta tonos de verde y plata; de raíces profundas, es muy longevo, conociéndose árboles con cientos de años que aún dan fruta, pero que son susceptibles a las heladas severas.

A pesar de producirse en casi todo el mundo, relacionamos las aceitunas principalmente, con Grecia, España e Italia.

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