PATRIMONIO HISTóRICO

La última misión de la grúa Titán

La última misión de la grúa Titán
La última misión de la grúa Titán

La jubilación toca la puerta de la monumental grúa nazi Titán que opera en el Canal de Panamá. O quizá no. Su reemplazo debe estar en funcionamiento entre 2020 y 2021, lapso de incertidumbre para la enorme estructura metálica a la espera de un nuevo dueño y destino.

Fue construida al calor de la Segunda Guerra Mundial en 1941 para prestar servicio a las tropas del Tercer Reich y se ha mantenido funcionando al 100% de su capacidad desde entonces, pero su costo de mantenimiento y reperaciones periódicas (entre 1.5 millones y 2 millones de dólares) y el resultado de recientes evaluaciones de su sistema, aceleraron la necesidad de un relevo.

Henry Huerta y Allen Sheppard, 2 de los 24 tripulantes de la Titán, evitan la nostalgia, pero lo reconocen: “La vamos a extrañar”. Trabajan en el coloso flotante desde su llegada al Canal en 1996. Son 22 años de servicio a bordo de sus 5 mil toneladas de puro metal.

Sheppy, como llaman todos a Allen, tiene unos cuantos años más que la Titán (80) y se mueve como pez en el agua cuando recorre los pasillos y escaleras en las entrañas de la grúa. “Pese a su edad, la Titán es muy funcional gracias a la particularidad de su sistema”, estima Sheppard, oficial de dragas.

Y ni hablar del plus histórico de la Titán, con las marcas de disparos, cicatrices de batallas, sus placas e indicaciones en alemán o las esvásticas tatuadas en sus anclas como registros de tiempos aciagos que han atraído las cámaras de Discovery Channel o National Geographic para elaborar sendos documentales de la mayor grúa flotante del mundo.

Cuenta la historia -plasmada en un deteriorado letrero sobre la cubierta de la nave- que la Alemania nazi dispuso de cuatro grúas gigantes para atender su equipo militar marino. Una fue destruida en la ciudad de Hamburgo durante el conflicto y tras la caía del Eje en 1945 las restantes fueron tomadas por las principales potencias de los Aliados; la de Reino Unido terminó en el fondo del océano, la de Rusia tiene un paradero desconocido, mientras que la de Estados Unidos, la Titán, fue reparada en el astillero naval de Long Beach, California, donde permaneció hasta su traslado al Canal de Panamá en 1996. Como sus 77 metros le impedían pasar por debajo del puente de las Américas, llegó al país semi ensamblada.

Su trabajo en la vía acuática consiste en el levantamiento de las compuertas de las esclusas para reparación y mantenimiento o de equipo pesado, como remolcadores o dragas. Hace uno o dos levantamientos a la semana y ha sostenido unas 600 toneladas, su récord, detalla Huerta, subjefe de operación de grúas.

La Autoridad del Canal de Panamá (ACP) se encuentra estudiando las propuestas que participaron en la licitación para la nueva grúa que debe entrar en operación en 2020 o 2012, apunta Dorita Jaén, ingeniera de la Unidad de Operación de Grúas de la ACP.

El presupuesto de 2018 del Canal contempló 39.6 millones de dólares para equipos flotantes, incluyendo relevar a la Titán.

¿Qué pasará luego con la vieja Titán? El plan, responde Jaén, es ponerla a la venta y corresponderá a su comprador decidir su suerte.

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