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‘Vivo en mi lengua’

‘Vivo en mi lengua’
Escritor Sergio Ramírez.

“En el ancho territorio de la Mancha” -dice don Sergio Ramírez Mercado (Nicaragua, 1942) al recibir el Premio Miguel de Cervantes en 2018- es donde vive. Por supuesto, “En algún lugar de La Mancha”, escenario de la imaginería caballeresca e ingeniosa de don Miguel de Cervantes, que dio vida al Quijote, “quien inventa para sí mismo, es criatura de su propia ficción”, es donde radica el oficio de hombres de letras como del quien nos referimos. Por ello, sin temor a pecar de osado, don Sergio también se identifica con el mismo Cervantes, pues nos dice: “me configuro a Cervantes como un autor caribeño, capaz de descoyuntar lo real y encontrar las claves de lo maravilloso”.

La pregunta que surge de esa configuración con el estilo cervantino debe ser: ¿Por qué como un autor caribeño? El mismo autor de Margarita, está linda la mar va decirnos: “porque Centroamérica es el Caribe, ese espacio de milagros verbales donde los portentos pertenecen a la realidad encandilada y no a la imaginación”. Un espacio que él mismo describe como “región marcada a hierro ardiente en su historia por los cataclismos, las tiranías reiteradas, las rebeliones y las pendencias”.

Sergio Ramírez, quien no solo se ha dedicado a la literatura, sino que comparte la pasión del Derecho y en sus mejores décadas como político, supo enfrentar al Somocismo y desempeñarse como Vicepresidente de la República durante la Revolución Popular Sandinista (1979-1990), misma que “aún se alza como una marea revuelta al pie de mi ventana, me aturde y me estremece”, escribe en Adiós muchachos. Esa etapa de la vida del autor de Castigo divino, está bien detallada en sus memorias sobre la Revolución, de la que Mario Vargas Llosa refirió como ‹‹una ilusión histórica que vivió una efímera realidad y se fue luego deshaciendo y transformando en grotesca caricatura››.

Hoy, Sergio Ramírez enfrenta la ignominia de una dictadura: la de Daniel Ortega y Rosario Murillo, con quienes compartió el ideario de la Revolución, el Gobierno, la derrota electoral de 1990, pero que el tiempo y la razón –pero más lo divino- hizo que don Sergio dejara las filas del Frente Sandinista, una traición, para Daniel Ortega, a la figura de él mismo, razón por la que hoy también la cárcel es la estancia de Víctor Hugo Tinoco, Hugo Torres, Dora María Téllez, cuadros históricos del FSLN que más tarde fundaron el antes llamado Movimiento Renovador Sandinista.

En los años en que iniciaba mi noble vocación de lector, me preguntaba a la vez por qué Platón había expulsado a los poetas de la República ideal. Una idea que aún con el tiempo cabe la razón del por qué personas como Mario Vargas Llosa o el mismo Sergio Ramírez Mercado no lograron ser Presidentes de sus respectivos países cuando se lo propusieron. No sé si peco de nostalgia o no idealista, pero no está de más el cuestionarnos qué serían de Nicaragua o de Perú si ambos autores, ambos Premios Cervantes, hubiesen logrado la Presidencia. ¿Acaso fuese Nicaragua la campeona de las dinastías familiares en el Hemisferio, o el Perú un ingobernable país?

Fue en esos años de secundaria en que conocí a los maestros que Sergio Ramírez enumera: Carlos Fuentes, Gabriel García Márquez, Julio Cortázar y Mario Vargas Llosa. Son esos los que moldearon a Sergio, al escritor de hoy, porque ¿qué fuese de nuestra región sin Cien años de soledad, El Señor Presidente, Rayuela o El espejo enterrado? Y si la ficción absorbe la realidad en la vasta obra del boom latinoamericano, Sergio también fue atrapado por esas ganas de contar lo observado y lo vivido, a través de ‹‹un territorio verbal›› en donde plasma “la escritura manchada, contaminada de belleza y verdades, de ilusión y realidad, de iniquidades y de grandeza”.

Hoy que la dictadura de Ortega y su consorte persiguen la libertad creadora de Sergio Ramírez, nos evoca al Somocismo y las amenazas a la libertad de cátedra en contra de Carlos Tünnermann Bernheim, otro compañero de anhelos democráticos y de justicia de don Sergio. Digo que nos recuerdan la etapa del Somocismo, de la que Vargas Llosa se refirió como “una de las dictaduras más corruptas y crueles de la historia de América Latina”, porque es bajo esa crueldad con que han operado los Ortega-Murillo en contra, no solo de Sergio, sino de todo un pueblo que continúa siendo víctima de las tiranías familiares y que ha pagado con la vida, la libertad, la tortura, el exilio y la cárcel, el salvajismo sin límites de los obsesionados con el poder.

A diferencia de otros políticos que lucharon contra el Somocismo, el frente de Sergio Ramírez fue muy distinto al de los Nueve Comandantes. El mismo confiesa cómo fue su papel: “No empuñé armas en la revolución, no llevé nunca uniforme militar, ni me encuentro al borde del olvido por demasiado viejo, ni nadie me está disputando con otro libro los hechos vividos”. Por ello, lamentó en su ensayo Algo nuevo va nacer el hecho de ver a “la Nicaragua de paramilitares encapuchados y jóvenes asesinados por francotiradores o secuestrados de sus casas”.

Si algo causa dolor entre las esferas resentidas del FSLN es la crítica comparativa de Daniel Ortega con anteriores caudillos. Sergio recorre la senda cíclica de la autocracia en Nicaragua: “de José Santos Zelaya a Emiliano Chamorro a Anastasio Somoza García, fundador de una dinastía, y del último Somoza a Daniel Ortega”, un comentario extensivo a la consorte, a quien responsabiliza por el “bosque inmenso y extraño” de “las estructuras metálicas de los árboles de la vida”. Este dolor solo es posible demostrarlo con el listado de delitos de incitación al odio y la violencia, menoscabo de la integridad nacional, y otros.

“No es la primera vez –dice Sergio Ramírez-, en el año 1977, la familia me acusó de delitos parecidos a los de ahora… cuando yo luchaba contra esa dictadura, igual que lucho ahora contra esta otra››. No cabe ninguna duda que la exigencia moral de dedicarse a la palabra, obliga a sus servidores a tomarse en serio la defensa de la libertad de una sociedad. Así lo dice Sergio Ramírez y muchos otros más autores que han padecido el lastre de las dictaduras. ‹‹Cerrar los ojos, apagar la luz, bajar la cortina, es traicionar el oficio”.

Para Sergio Ramírez callar ante la actual dictadura de nuestro es traicionar el oficio, porque si de escribir se trata, no es hacerlo por hacer, sino para poder disfrutar del “vasto campo de la Mancha” a quien llama también “reino de la libertad creadora”. Por ello, Ramírez Mercado es fiel a la palabra, al oficio, sustentado en su sola vocación de contar y de crear, de darle rienda suelta a la imaginación que ha producido tantas novelas, cuentos, crónicas, artículos de opinión y obras académicas, que le han conferido premios como el Carlos Fuentes, el José Donoso y el mismo Miguel de Cervantes.

Cuando refirió que con Azul… de Rubén Darío iniciaba el viaje de regreso de la lengua que llegó con El Quijote, nos decía en verdad que otra vez, un nicaragüense (él mismo) regresaba nuevamente la lengua recibida de Cervantes a Darío, a la España “de los mil cachorros sueltos” con una obra que se defiende por sí sola y que hoy es celebrada en la comunidad hispanohablante y de otras lenguas, pues Sergio, al igual que Cervantes y Darío, se nos hizo universal.

La generación de hoy –no sola la que aventura en la vida política, también en la literaria- agradecemos a don Sergio Ramírez el legado literario a nuestro país, a Hispanoamérica, pues a través de ella hemos encontrado el valor para denunciar a los “caudillos, como mago de feria hoy, disfrazados de libertadores”; al caudillo de turno de hoy que se apropió de una revolución para poder allanar el camino, a pesar que el mismo Sergio lo describió como “él que poseía menos condiciones de caudillo. No era histriónico, ni demagogo”, una descripción errada para hoy, sobre todo para un pueblo que ha decidido ponerle fin a los caudillos.

Por eso no es relevante quienes hoy como el régimen de Ortega atacan a Sergio Ramírez por su papel dentro de la Revolución Sandinista. Esto es cosa aparte, nadie como él ha tratado de describir desde la sinceridad de la historia con que ha escrito sobre una época que por sus “desaciertos y errores capitales” enfrentó la derrota y tuvieron que “preparar desde ese momento la transición de manera ordenada”.

Lo mejor que le pudo pasar a Sergio Ramírez Mercado fue tomar la decisión de abandonar las filas del FSLN, un hecho por el cual dice: “no puedo decir que no me sintiera conmovido. Por el recuerdo del pasado, por todo lo que quedaba detrás de mí”. . Gracias a ello tenemos mucho más del Sergio Ramírez de hoy, del que nos sentimos orgullosos y del que respaldamos en cada lectura de sus obras, hechas todas con la imaginación desde Masatepe hasta cualquier campo o ciudad donde puedan, los hombres libres como él, crear novelas como las que desnudan a Nicaragua y una sociedad culturalmente condenada a repetir sus ciclos.

Cuando don Sergio reveló las acusaciones en su contra, inmediatamente recordé al periodista de Castigo divino, Rosalío Usulutlán que el censurado artículo que escribió “En mi propia defensa: el mérito del rumor público”, dice: “Pero escabrosa no ha sido mi pluma, sino la conducta de sus protagonistas”.

Hoy, como los cientos de miles nicaragüenses, don Sergio Ramírez es contado entre los exiliado, esperando como Ulises de Homero en poder volver –algún día- a su propia Ítaca, a contar “entre cuatro paredes”, las aventuras de un nuevo exilio con su esposa, Tulita, a quien también debemos el éxito de Castigo divino.

Gracias don Sergio, gracias por heredarnos la ilusión de que a través de la libertad creadora podemos vivir, como usted, “La Mancha que no se deslíe ni se borra”, incluso cuando las dictaduras allanan “una casa llena de libros›› donde pretenden encontrar armas, pero solo encontrarán las palabras de un ‹‹cervantino y dariano” que ata su “escritura con un nudo que nadie puede cortar ni desatar”.

El autor es articulista y reseñista nicaragüense


Aclaración: El autor de este texto, publicado en la columna semanal de La Voz de la Academia, no es miembro de la Academia Panameña de la Lengua (APL). El protagonista del texto, sin embargo, Sergio Ramírez Mercado, sí es miembro correspondiente de la APL


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