Nos dejó un gran legado artístico. También fue ejemplo de humildad y tenacidad en su vida privada y en su labor artística. Estas características dieron por resultado grandeza en su don de educador de pintores, poeta, y artista plástico, en los que fue autodidacta.
Mantuvo una incesante búsqueda espiritual e intelectual, donde logró una visión pura, la cual pareció efímera y aleatoria, por la forma libre en el momento de ser creada. Pero la obra del maestro es poética y quedará en la historia.
Podemos apreciar esto en obras como Culebra azul bajo el andamio (óleo sobre tela, 2004) y Viento del este (técnica mixta sobre papel, 2008).
Así dedicó su vida, guiándose por el instinto del chamán, encantado criaturas a través de texturas, trazos y colores.
Al ver la obra del maestro, la asociamos súbitamente con la obra pictórica de los maestros Rufino Tamayo, José Luis Cuevas y sobre todo Francisco Toledo.
Estudió las terrosas texturas de Tamayo y la figuración de Cuevas y Toledo, incluyendo lo zoomorfo.
Sin embargo, no se le puede llamar obra “simplemente derivativa”: la obra emana su propio espíritu, y esto solo se logra al llegar el artista a un gran nivel de destreza, jugueteo y comunión entre él y su obra.
La naturaleza de su obra es primordial, y manejada en materiales y conceptos de manera intuitiva; casi como lo hubiesen querido los maestros surrealistas de principios del siglo XX, André Breton y André Mason, y como lo logró Pablo Picasso y Jean Dubuffet.
Nos adentramos a un mundo de épocas remotas, al momento que el chamán de una tribu invocaba a los espíritus y trabajaba su obra de manera ritualista y sagrada plasmando al animal para asegurar la cacería.
Así concibió su obra el jaguar, y así se mantuvo fiel a su expresión, invocando su creatividad a través de su más ferviente ritual: la marca en sus lienzos, dibujos y amuletos.
Esta nueva muestra “El instinto del chamán”, que actualmente se presenta en el Museo de Arte Contemporáneo, reúne obras de 1996, 1997 y otras desde 2000 hasta el final de su vida terrenal en 2008.
La obra refleja su gran versatilidad en el manejo de diferentes soportes bidimensionales: desde los tradicionales como lo son los lienzos y papeles, hasta ventanas y obras con otro valor agregado, como bonos del canal interoceánico.
También tenemos la creación de obras tridimensionales, apropiadamente llamadas amuletos. En ellas entramos a su mundo de figuras humanas, máscaras, aves, felinos y peces siendo está última, la pesca, uno de sus pasatiempos más sencillos.
INFORMACIÓN
LUGAR: Museo de Arte Contemporáneo, Ancón, Calle San Blas.
HORARIO: De martes a domingo de 9:00 a.m a 5:00 p.m. Abierta hasta el 4 de septiembre
ENTRADA: De $3 a $5 los adultos y de $1 a $2 los niños.

