El Canal, una candidatura

El Canal, una candidatura
El Canal, una candidatura

El Canal de Panamá ya es candidato al Premio Príncipe de Asturias, en la categoría de Cooperación Internacional. Es, desde mi punto de vista, una gran candidatura. El Canal de Panamá abrió, hace un siglo, los caminos del mundo, entre la incredulidad de parte de ese mismo mundo y el regocijo eufórico de los que creyeron en aquel magnífico proyecto.

A veces, en mis tardes madrileñas, me enredo en un párrafo de la novela que escribo, en la que el Canal de Panamá es un gran protagonista, pero la noticia de que, por fin, esa obra extraordinaria del hombre moderno puede ser este año Premio Príncipe de Asturias de Cooperación Internacional me llena de satisfacción.

Hay muchas maravillas en el mundo. Yo, viajero impenitente, conozco algunas: desde la Muralla China, en Beijing, hasta Manhattan entero, la Gran Manzana, la Isla del Milagro; desde El Escorial, en los fríos invernales de las sierras de Madrid hasta el Opera House de Sídney, que flota en mi memoria después de más de 40 años, cuando lo vi por primera vez; desde el Taj Mahal, que visité antes del amanecer y después del anochecer tras corromper por unos dólares, nunca mejor gastados, al portero del gran palacio funerario, sagrado y secreto cuando no hay luz del día, hasta el Gran Cañón, a cuyo cauce bajé en helicóptero con un pavor cerval: estábamos en manos de un piloto del Vietnam que tenía muchos más años que yo y que se jugaba la vida haciéndonos pasar miedo y acercando el aparato volador a las paredes inmensas del barranco. Y muchas más, que ahora olvido, muchas maravillas que he visitado mil veces y que nunca han podido eliminar de mi memoria el Canal de Panamá, un lugar único, capaz de asumir leyendas y realidades como si todo fuera verdad. Aquí se dejaron la vida miles de personas, trabajando entre el barro y la malaria para que los dos mares se encontraran y besaran suavemente en la superficie del agua, en la cara del agua, y en las profundidades que iban a inventar una fauna y una flora que no hay en ningún otro lugar. Por eso el Canal de Panamá me parece hoy una de las consecuencias más importantes y estéticas en un mundo tan economizado y financiero como el nuestro.

La historia del Canal de Panamá no está todavía resuelta ni acabada de escribir. A mí me parece un lugar legendario, lleno de misterios, que los hombres que trabajan en él no conocen, ni le dan la importancia que tiene, porque la visitan todos los días y la ven como parte de la geografía familiar, pero yo todavía no encontré turista ni viajero que no me hablara del Canal de Panamá como un desafío y una maravilla de la humanidad.

Durante los últimos 12 años he sido miembro del jurado del Premio Príncipe de Asturias de las Letras. Ahora ha llegado el momento en que he dejado paso a otros jurados que se han incorporado este año por primera vez, pero mi paso por Asturias en ese jurado forma parte de mi memoria. Allí aprendí muchas cosas, en las discusiones y en las reuniones posteriores del jurado. Conocí mucha gente importante y, sin embargo, buena.

Y sé que el Premio Príncipe de Asturias le viene como anillo al dedo al Canal de Panamá, este mismo año, que se cumplen los quinientos de Núñez de Balboa, el descubrimiento del Mar del Sur y el siglo del Canal en su construcción, nueva y vieja. De modo que estoy deseando que pase el tiempo y que los miembros del jurado del Asturias de Cooperación Internacional tengan en cuenta el Canal de Panamá como lo que es: no solo el encuentro de dos mundos y dos mares, sino la vía física de comunicación más importante del mundo y, hoy y todavía, de nuestro mundo.

Me sumerjo, pues, durante unos meses, hasta que llegue la hora de la votación, en una oración silenciosa para que los dioses del Canal (que los tiene, dense cuenta de que los tiene...) iluminen la voluntad de los jurados del gran galardón que lleva el nombre del Príncipe de Asturias. Mientras tanto, recemos a esos dioses o a aquellos otros en los que creemos o creemos que creemos para que nuestro deseo sea también tenido en cuenta por los jurados que, dentro de un par de meses, nos darán o quitarán la razón. Pero sí, desde ahora tengo un pálpito. Un pálpito de voluntad: el Canal de Panamá está ahí, en todo lo alto, y su candidatura es de las mejores, si no la mejor.

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