En las conversaciones del 2 y 3 de agosto de 2011 -mantenidas entre el ex presidente de Impregilo, Massimo Ponzellini, el exdirector adjunto de esta empresa de construcción italiana, Alberto Rubegni y cuyo tercer protagonista es el ex primer ministro italiano, Silvio Berlusconi- son evidenciadas fuertes amenazas por parte del entonces presidente en funciones Ricardo Martinelli para que financiaran el coste de $22 millones de la construcción del hospital de Veraguas, a cambio de futuras adjudicaciones.
“Fue una amenaza de Martinelli. El tono era amenazante”, señaló en sede judicial Ponzellini preguntado por la juez. Además, acertó a señalar como un “acto de extorsión” las advertencias de Martinelli de declarar falsamente ante la prensa que Impregilo no estaba haciendo un buen trabajo en el Canal de Panamá y provocar así una caída de sus valores en la bolsa de Milán.
Según explicó durante su testimonio ante el juez, fue Lavitola quien le pidió expresamente “un reconocimiento económico para Martinelli y su entorno”. En este sentido, la sentencia contra Lavitola demuestra que el hospital era en realidad “un mera pantalla para vehicular coimas” destinadas al presidente Martinelli.
Asimismo, durante el transcurso de este juicio en Italia se puso de manifiesto que Martinelli amenazó a Impregilo con finiquitar su participación en el consorcio que realizó la ampliación del Canal de Panamá, a pesar de que la figura del presidente de la República no está vinculada al Canal de Panamá. En cualquier caso, se probó que la intención de Ricardo Martinelli era difamar a Impregilo sino construía el hospital que era en realidad una coima enmascarada. De hecho, Rubegni relató ante el juez que tras recibir las advertencias de Martinelli -a través de Lavitola- avisó a la autoridad de vigilancia de la Bolsa de Milán para evitar un perjuicio en sus cotizaciones.
Por este caso, Lavítola fue sentenciado a tres años de prisión por extorsionar a la constructora Impregilo para que financiara el hospital de Veraguas a cambio de futuras licitaciones que serían aprobadas por el Gobierno de Ricardo Martinelli. Esta condena fue validada por el tribunal de apelación y está a la espera de pasar por la tercera instancia, lo que la convertiría en una sentencia en firme que provocaría el retorno en prisión del italiano.
Lavitola fue el único condenado en este caso ya que la fiscalía italiana no tenía competencias en aquel momento para imputar a un jefe de Estado extranjero. Sin embargo, en todo momento el nombre de Martinelli fue considerado como el artífice real de la extorsión, siendo Lavitola el vehículo formal de estas presiones.
Según la documentación judicial del caso al que tuvo acceso La Prensa, “la promesa de Impregilo de asumir los cargos económicos relativos a la realización del hospital pediátrico [de Veraguas] a cambio de la adjudicación de la obra del Metro de Panamá no era otra cosa que un modo enmascarado e indirecto para ofrecer al presidente [Ricardo] Martinelli, a través de un empresario estrechamente ligado a él [Rogelio Oruña], indebidas utilidades económicas”.
Actualmente Lavítola enfrenta dos casos penales que tienen que ver con Panamá. A principios de febrero se sentará en el banquillo de los acusados del Tribunal de Roma por corrupción internacional en el caso Finmeccanica. Además la fiscalía de Nápoles sigue investigando otro caso de corrupción internacional ligado a la construcción frustrada de las cárceles modulares por parte de la empresa Impregilo.

