Adèle (Adèle Exarchopoulos) es una alumna de secundaria que adora leer y se siente satisfecha cuando encuentra maestros que la inspiran.
Un día, Adèle ve en la calle a Emma (Léa Seydoux), una estudiante universitaria de arte con sueños de ser pintora, y ese encuentro con esa desconocida llevará a que su mundo interno reciba un vuelco brutal.
La excelente La vida de Adéle, versión fílmica de la novela gráfica Blue, de Julie Maroh, sigue los pasos a esta chica que está a punto de descubrir su identidad sexual y pondrá en evidencia lo que desea hacer con el resto de los capítulos de su historia personal.
Ese aceptar su homosexualidad va a provocar enfrentamientos con su familia, amigos, compañeros y colegas, dejando claro que la aceptación y la tolerancia sexual es aún una materia pendiente de cumplir en algunos sectores de la Francia de hoy.
MÁS DE UNA CAPA
La vida de Adèle es una de esas películas con múltiples capas de mensajes y de géneros.
Comienza como un tradicional drama juvenil sobre los conflictos con los padres, los novios y el colegio, para después dar un giro a un romance erótico intenso y que puede incomodar a algunos espectadores por sus escenas amatorias, para más tarde terminar bajo la estela de un profundo melodrama.
Esta producción francesa es sobre el amor a primera vista, el pasar de la inocencia a la madurez, el destino y sus decisiones, lo que deseas con tu vida, y si existe la casualidad o el destino o si ambas son otro invento del ser humano.
Como si ya no fuera ancho el área de cobertura argumental, este largometraje de Abdellatif Kechiche también indaga lo que provoca en el alma y la mente de cualquiera, no importa su edad o su género, la soledad, la tristeza, la confusión, el deseo y el amor.
SER Y SENTIR
La vida de Adèle es sobre ser adolescente, que como en la infancia, sigue siendo un individuo más o menos indefenso, pues todavía depende económicamente de sus adultos; al no terminar sus estudios aún no tiene un futuro profesional seguro; su falta de experiencia en los dobleces de lo cotidiano los vuelve vulnerables a la hora de tomar una decisión y, además, están en el proceso de encontrar la madurez. En aras de alcanzar esa evolución, será protagonista de múltiples caídas de las que debe levantarse con la poco o mucha dignidad que ostenten.
La vida de Marianne, de Marivaux, es la novela que están leyendo en el salón de clases de Adèle, y tanto en la película como en el libro se explora lo que hay debajo de la piel de una persona: sus deseos, sus aspiraciones, sus retos, sus desdichas, sus emociones...
El director Abdellatif Kechiche propone en su película una travesía sensorial, delicada y carnal, que evita el doble sentido al momento de presentar una relación lésbica, y espero que la audiencia promedio nacional también vea esta historia de amor y dolor con una mirada libre de prejuicios absurdos, pues a la larga lo que se ve en la pantalla grande no es solo sobre dos mujeres que se aman, sino que al final es sobre cómo las relaciones de parejas en general tienen sus zonas complicadas y deben sortear más de una prueba (posibles celos, traiciones y mentiras, etc.).
DOBLE EXISTENCIA
La filmografía de Abdellatif Kechiche ha puesto un especial hincapié en mostrar los aires de los suburbios, en particular los obstáculos de los inmigrantes tunecinos que llegan a la Ciudad Luz en La faute à Voltaire (2000) y los de las familias norteafricanas que buscan su lugar dentro de la Europa más industrial en Cuscús (2007).
En las dos, estos hombres y mujeres extranjeros aspiran a ser tomados en cuenta en un país de acogida, pero no quieren perder por completo las huellas de los pasos que dieron en sus lugares de origen. Quieren ser, pero sin olvidar quiénes fueron.
Aunque La vida de Adèle está más cercana de otras producciones de Kechiche como La escurridiza o cómo esquivar el amor (2003) y la Venus negra (2010).
De la primera, La vida de Adèle guarda asociación, porque en ambas el núcleo son los muchachos y sus dilemas, sus deseos de ser escuchados y su deber de reclamar su espacio para crecer hacia ser adultos, al precio que sea necesario.
Mientras que la Viuda Negra está basada en un hecho real, cuando una mujer sudafricana fue exhibida como si fuera un mero objeto de investigación en la Academia Real de Medicina de París en 1817, ya que los científicos de entonces pensaban que ella era prácticamente el eslabón perdido de la evolución humana.
De la segunda, La vida de Adèle se alimenta de la necesidad de reivindicar a la mujer como ser humano, a que no es un adorno del hombre ni de la ciencia ni del hogar, a que no es un trofeo para ser mostrado ni una empleada o, lo que es peor, una esclava de una sociedad represora, machista y castradora.
En todos estos títulos hay un deseo de evidenciar que todos guardamos secretos, que cada uno de nosotros lleva existencias paralelas, que todos deseamos una cosa y el entorno no siempre está de acuerdo.
Los personajes de Abdellatif Kechiche aspiran a formar parte de una nueva patria, no solo francesa, sino de ser pasajero de primera clase en un mundo nuevo donde puedan tener una verdadera y plena libertad en lo político, social, económico, cultural, laboral y sexual.

