En el periódico se anunciaba una vacante para aprendiz de productor de radio y televisión en Publicidad D´Arcy, pero cuando el joven Roberto Gómez Bolaños acudió al llamado había 50 o 60 aspirantes por delante.
Entonces, rápidamente se formó en otra fila de unos 5 o 6 candidatos para guionistas de radio y televisión. Y resulta que él fue elegido.
Es decir, que un acto de flojera definió la incursión y posterior éxito de Chespirito en el mundo de la televisión mexicana en la década de 1950, según reconoce el propio comediante en su autobiografía Sin querer queriendo (2006).
Antes de ser el Chavo o el Chapulín, Gómez Bolaños fue dibujante, futbolista aficionado, operador en una fábrica de hierro y boxeador amateur impulsado, como decía, “por aquella estúpida costumbre de sentirme pantera cuando no llegaba ni a gato de basurero”.
También fue apostador de caballos, fumador empedernido, prestó servicio militar y era tan pobre de adolescente, que él y sus hermanos se bañaban una vez por semana para ahorrar gas, se dice en la obra, que además detalla episodios tan íntimos como el beso que nunca le dio a la Cucus, su primer gran amor; sus serios problemas gramaticales y ortográficos cuando empezó a escribir guiones y lo traumática que fue su circuncisión a los 20 años.
El primer libreto que escribió fue para el programa radial Galería Musical. Su salario era de 350 pesos, casi la mitad de lo que ganaba en su anterior empleo en la fábrica de hierro.
Debutó en la comedia escribiendo las líneas de la serie Viruta y Capulina y otros programas hasta que le dieron la oportunidad de crear sus propios personajes. El doctor Chapatín fue el primero.
Un contratiempo de un actor del espacio en directo Cómicos y canciones, lo obligó a reemplazarlo sobre el plató al ser el único que conocía el guion. Fue su estreno como actor. Gómez Bolaños había dicho antes de ese hecho que jamas actuaría por la “poca capacidad para hacer el ridículo delante de la gente”.
Cuando se le ocurrió la idea de crear el Chapulín, el plan era llamarlo el Chapulín Justiciero, tendría alas y debía ser verde, pero cuando fueron por el material para el disfraz solo había de color rojo. Mientras que el Chavo nació como un personaje de relleno que iba a cubrir por una vez un vacío en la programación y nada más, pero gustó de inmediato y se convirtió en el mayor logro de Gómez Bolaños, que incursionó con aciertos y tropiezos en otras lides como el cine, el teatro, la literatura, y en Twitter en mayo de 2011 cuando tuiteó: “Síganme los buenos”.

