Un mundo utópico, donde los vampiros no brillan a la luz del sol

Recuerdo que el primer libro de no-muertos que leí fue Entrevista con el vampiro de Anne Ricce. Una obra en la que sus personajes luchaban contra sus demonios internos, tratando de encontrar las respuestas a incógnitas existenciales.

Su mayor aliado era el tiempo indefinido que tenían para redescubrir su propio ser, y su mayor enemigo la inmortalidad, que les recordaba lo bajo que podían llegar a caer como –aunque tal vez no lo quisieran admitir– humanos que de alguna manera aún eran. Hasta el mismo Louis de Pointe du Lac (personaje de las crónicas vampíricas de Anne Ricce) trató de aferrarse a su humanidad, luchando contra su nueva naturaleza de depredador y no alimentarse de aquello que añoraba volver a ser: mortal.

Pero humanos o bestias nocturnas, no podemos escapar por siempre de lo que somos. Y al final el instinto es más fuerte que el razonamiento.

Al menos, claro, que vivamos en el mundo mágico de Stephenie Meyer, donde un moderno y adolescente conde Drácula cambia su dieta de sangre humana por la de venado, y se decide por una presa mucho más fácil: una adolescente con problemas de autoestima, a la cual no le importa que su novio, seudo-vampiro, brille bajo el sol (como un hada del bosque).

Y ojalá las desdichas terminaran allí, pero estas nuevas generaciones de Nosferatus están plagadas de libros que intentan acabar con la buena reputación de los vampiros, página tras página. Lo que resulta para los amantes de una buena dosis de sangre, muerte y crueldad –como se espera de estos seres nocturnos–, una verdadera tragedia.

Pero no todo está perdido. Todavía hay quienes quieren salvar el buen honor de los señores de la noche y darles su merecido lugar en nuestras pesadillas.

Con su libro Después del Crepúsculo, Luis Benítez hace una recopilación de algunos de los mejores cuentos de vampiros que hayan podido crear las grandes mentes de la literatura nocturna. Desde H.P. Lovecraft (creador de Cthulhu) con El extraño, hasta Edgar Allan Poe (escritor de El cuevo) con su inquietante Ligeia, este libro es simplemente indispensable para aquellos que perdieron la fe en el género.

Aparte de la antología de historias, Benítez nos ofrece una interesante introducción del vampirismo a través de la historia. Desde los mitos y tradiciones en la vieja Europa, hasta las antiguas leyendas de Asia, los sacrificios en nuestro continente, hasta una comparación del hombre de Cromagnon con estos monstruos sedientos de sangre.

En lo personal, recomiendo La dama pálida de Alejandro Dumas (Los tres mosqueteros) una historia misteriosa, con personajes inquietantes, que no me dejó soltarla hasta terminarla.

Si te gustan las historias de vampiros, llenas de castillos antiguos, tétricos cementerios y sombras que recorren tus sueños (aparte de leer a importantes autores) este es un libro que de seguro te agradará.

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