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CONTROVEERSIA

Guerra sucia contra el papa Francisco

El papa Francisco evitó hacer comentarios sobre las denuncias de Viganò.

Las denuncias del arzobispo, Carlo Maria Viganò, el exnuncio apostólico en Washington que acusó en una carta al papa de haber encubierto los abusos sexuales cometidos por el excardenal Theodore McCarrick, han restaurado una vieja batalla de poder en el Vaticano que busca fortalecer la vieja guardia de los ambientes ultraconservadores, frente a los aires de cambio que propugna Francisco.

Para el periodista italiano, Andrea Tornielli, uno de los vaticanistas mejor informados, fue una “operación político-mediática preparada y pensada para hacer daño al pontífice cuando estaba haciendo un viaje muy difícil y delicado”. Pocos días antes de que Jorge Mario Bergoglio comenzara su visita a Irlanda, salió a la luz el informe de la Corte Suprema de Pensilvania (Estados Unidos) que concluyó de que más de 300 sacerdotes abusaron de niños durante las últimas siete décadas.



Además, el escándalo de los abusos sexuales tuvo en Irlanda una de sus peores crisis la pasada década y pasó factura a la credibilidad de la iglesia católica. La Comisión Murphy evidenció en noviembre de 2009 las violaciones cometidas durante 30 años sobre unos 400 niños irlandeses por 46 sacerdotes de la arquidiócesis de Dublín.

Aprovechando la agenda del pontífice en Irlanda, los artífices del dossier confeccionado por Viganò –un alto cargo de la Curia, hijo de una acaudalada familia italiana– lo hicieron el domingo por la mañana, cuando el papa Francisco se reunía con cientos de familias en el acto principal del Encuentro Mundial de las Familias.

“Es la primera vez en la historia de la Iglesia que un arzobispo pide al papa su renuncia con la sombra de una acusación tan grave. Fue un golpe completamente planificado para hacer coincidir esta bomba con la celebración de la Jornada Mundial de las Familias”, señala Tornielli. “No se trata de un ángel purificador que por una razón de fe decide hacer una denuncia pública, sino un ataque directo al papa a través de medios conservadores poderosos que hace años que promueven una campaña sucia contra Francisco”, agrega.

El año pasado sin ir más lejos, los sectores más rigoristas maniobraron un proceso doctrinal contra Bergoglio después de la publicación de su exhortación postsinodal Amoris Laetitia en la que abrió la puerta a los divorciados que se vuelven a casar para que puedan acceder según el caso a la comunión y aceptó las uniones de hecho en un documento muy esperado sobre la familia.

Pero la cronología es clara. El excardenal estadounidense Theodor McCarrick, un depredador de seminaristas a los que invitaba a dormir en su cama en una casa que tenía en la playa, continuó sin particulares obstáculos su brillante carrera eclesiástica bajo los pontificados de Juan Pablo II y Benedicto XVI. El primero lo creó cardenal y el segundo aceptó su renuncia como arzobispo cuando superó el límite de la edad para jubilarse, según la práctica ordinaria. Pero quien canceló su nombre del colegio cardenalicio fue Francisco.

“Fue una decisión histórica. La última vez que sucedió fue bajo el pontificado de Pio XI hace 91 años”, relata Tornielli mientras aduce: "Viganò se indigna, pero él mismo participó en celebraciones públicas con McCarrick". "¿Por qué él tampoco hizo nada?".

Durante el vuelo de retorno de su viaje a Irlanda el pasado domingo, el pontífice rechazó comentar el polémico documento que había sido publicado unas horas antes y pidió a los periodistas que juzgaran ellos mismos. "Cuando pase un poco de tiempo y hayan sacado sus conclusiones, quizás hable", agregó. Una táctica con la que ganará tiempo.

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