Katya Adler - Editora de Europa
En las calles de Barcelona, dragones de color rojo fuego y dorado (probablemente con personas sudorosas dentro de los disfraces) bailaban entre multitudes encantadas, mientras que acróbatas chinos provocaban exclamaciones de asombro al hacer rodar, lanzar y arrojar farolillos esféricos al aire, manteniendo, como por arte de magia, la vela en su interior en posición vertical en todo momento.
Shanghái hizo historia en septiembre al convertirse en la primera metrópolis asiática invitada a La Mercè, nombre con el que se conocen las fiestas populares de de Barcelona.
Las multitudinarias celebraciones callejeras de la ciudad tienen como objetivo celebrar tradiciones catalanas centenarias.
El vicealcalde de Shanghái, Lu Shan, viajó a Barcelona para participar en la ceremonia de inauguración de La Mercè. El funcionario aseguró que las tradiciones culturales chinas y catalanas difieren en su forma, pero comparten “un espíritu común”.
Todo esto podría ser una muestra del momento de aprecio mutuo que atraviesan España y China. Pero ese sentimiento de cordialidad dista mucho de ser compartido en toda la UE.
El presidente del gobierno español, Pedro Sánchez, ha visitado al presidente chino Xi Jinping cuatro veces en unos pocos años.
Desde la reelección de Donald Trump hace dos años, Sánchez ha instado a la UE en su conjunto a mejorar sus relaciones con China.
El acercamiento de Sánchez al gobierno de Pekín ha provocado resentimiento y desaprobación entre varios socios europeos de España, que ven a China como un rival estratégico y una posible amenaza geopolítica para la UE.
En privado, se preguntan si la postura favorable de Madrid hacia las empresas chinas está permitiendo que Pekín se convierta también en el enemigo (económico) dentro del bloque.
Pedro Sánchez no es el único líder de la UE que se desvía del camino establecido. La volatilidad global hace que otros países de la UE se sientan presionados y vulnerables, y que duden de poder confiar en Estados Unidos bajo la presidencia de Trump.
La política de Trump en materia de comercio y defensa se percibe como impredecible y, en ocasiones, agresiva. Por ello, los Estados miembro de la UE están seleccionando socios estratégicos que, a su juicio, se ajustan a sus necesidades nacionales, aunque esto pueda generar rechazo o irritación entre los demás países.
¿Acaso estas nuevas alianzas conllevan el riesgo de una ruptura permanente de la unidad en la UE o incluso en la OTAN?
España, acusada de actuar por interés propio
Alemania y Francia, las mayores potencias de la UE, se han unido para adoptar una postura más agresiva hacia China. Pretenden otorgar a Bruselas la capacidad de excluir del mercado de la UE a los competidores chinos subvencionados, con el fin de abordar los crecientes desequilibrios comerciales con Pekín, que según la Comisión Europea han alcanzado los 1.000 millones de euros diarios (unos US$1.125 millones).
Otros países de la UE están preocupados por la estrecha relación de China con Rusia. Pekín ha negado haber ayudado a Moscú en su esfuerzo bélico en Ucrania, pero los expertos en defensa señalan el apoyo tecnológico y económico de China, que, según afirman, ha permitido a Rusia mantener su ofensiva militar.
Por eso, mientras España corteja con entusiasmo a Pekín, se la acusa de velar por sus propios intereses en lugar de por los intereses europeos en general.
“Es un poco como el dilema del huevo y la gallina. ¿Se distanció España de sus aliados europeos o se distanciaron ellos de nosotros?”, se pregunta Víctor Cortizo, abogado y académico especializado en relaciones sino-españolas.

“Creo que se trata más bien de nosotros. Es España. Pero es legítimo. La ‘realpolitik’ existe. Si me acerco a China porque eso atrae inversión china y fortalece mi economía, entonces eso es estratégicamente más atractivo que apoyar a aliados que también se preocupan solo por sí mismos”, dice Cortizo.
Cortizo y yo estábamos rodeados de torres de cajas mientras hablábamos al final de la línea ferroviaria de mercancías más larga del mundo. Recorre más de 13.000 km entre Yiwu, en el este de China, y Madrid. Transporta principalmente piezas de automóviles y artículos eléctricos a España, y productos gourmet como jamón serrano y vino tinto de vuelta a China. Esta línea es un símbolo de las florecientes relaciones entre ambos países.
“Nuestro presidente del gobierno ha decidido anteponer el beneficio nacional a las relaciones con la UE”, me dijo Cortizo. “La inversión china en España se ha duplicado tan solo en el último año”.

Creciente inversión china
Según el ICEX, el instituto de comercio exterior del gobierno español, las inversiones chinas en España están aumentando considerablemente, impulsadas en particular por las inversiones en nuevas gigafábricas de baterías y plantas automovilísticas.
Cortizo cree que España podría convertirse en el país europeo preferido de Pekín para invertir ahora que Hungría ya no está gobernada por el prochino Viktor Orbán, bajo cuyo mandato su país fue apodado “la puerta de entrada de China a Europa”.
“La inversión estadounidense está disminuyendo y la inversión china está ganando relevancia aquí”, me dijo Cortizo.
Estados Unidos sigue siendo el mayor inversor extranjero en España, pero la inversión neta se redujo en torno a unos 1.000 millones de euros (unos US$1.125 millones), según el Ministerio de Economía español.
La sociedad española mantiene ahora una actitud mucho más favorable hacia China que hacia Estados Unidos, su aliado tradicional.
Según una encuesta del Pew Research Center publicada este verano, el 54% de los españoles afirmó tener una opinión favorable de China, frente al 30% que tenía una opinión favorable de Estados Unidos.
China facilita el comercio, me dijo Cortizo, mientras que Estados Unidos (con los aranceles de Trump y los efectos de la guerra en Irán) lo ha dificultado enormemente.
Mientras tanto, los españoles han visto cómo el presidente estadounidense amenazaba a su jefe de gobierno con sanciones económicas cuando este no accedía a sus exigencias de aumentar el gasto en defensa al 5% del PIB o permitir que las bases estadounidenses en España se utilizaran en ataques contra Irán.
Por eso, muchos en España consideran que China es más fiable que Estados Unidos.
Y cuando el importante fabricante de automóviles chino Chery Automobile eligió España para su primer centro europeo de fabricación y operaciones hace dos años, le devolvió la vida a la entonces desaparecida marca española Ebro.
“Las empresas chinas están invirtiendo en la fabricación de automóviles en España, cubriendo los huecos que teníamos”, afirma Cortizo.
Sin embargo, a los críticos les preocupa que las fábricas chinas en suelo español debiliten el mercado único de la UE.
La de Chery en Barcelona no es la única. La empresa china de baterías y almacenamiento de energía estacionaria Hithium planea invertir en Navarra, en el norte de España, y el fabricante de baterías CATL participa en la construcción de una gigafábrica de baterías de fosfato de hierro y litio en Zaragoza, 320 kilómetros al oeste de Barcelona.
Los críticos temen que estos proyectos formen parte de los esfuerzos de las empresas chinas por localizar la producción en la UE para eludir los aranceles a la importación de vehículos eléctricos chinos.

La cuestión de la seguridad
Sin embargo, Miguel Otero, especialista en China del Real Instituto ElCano de Madrid, acusa a los aliados europeos de España de ser condescendientes e hipócritas.
“Francia, Italia, Alemania, todos tienen su propia relación estratégica con China”, me dice. “España no va mucho más allá. Simplemente los está alcanzando”. De hecho, afirma, ahora que Europa ya no puede depender completamente de Estados Unidos, la prioridad de España es diversificarse. Quiere hacer negocios no solo con China, sino también con Canadá, Brasil, India y África. España no está obsesionada con China, aclara.
Pero también está la cuestión de la seguridad.
En su último viaje a Pekín en abril, el presidente Sánchez se reunió con el fundador del fabricante chino de turbinas eólicas Ming Yang, cuyos planes para abrir la mayor planta de fabricación de turbinas eólicas de Reino Unido acababan de ser bloqueados por motivos de seguridad nacional.
Esto se produjo tras el revuelo causado en la UE después de que el Ministerio del Interior español adjudicara el año pasado al gigante tecnológico chino Huawei un contrato de 12,3 millones de euros para almacenar y gestionar datos confidenciales de escuchas telefónicas judiciales.
Eurodiputados de varios grupos políticos del Parlamento Europeo afirmaron que el contrato de España podría poner en peligro a la UE en su conjunto.
“Cuando se introduce un proveedor de alto riesgo... no solo nos arriesgamos a una filtración de datos localizada, sino que también nos arriesgamos a envenenar la fuente del intercambio de inteligencia europeo”, declaró Markéta Gregorová, eurodiputada checa del Partido Pirata, perteneciente al grupo de los Verdes, el pasado mes de febrero.
Juan Ignacio Zoido Álvarez, miembro del Partido Popular, principal partido de oposición en España, afirmó que la decisión pone “en riesgo a toda la UE”.
El Ministerio de Defensa español sigue negando que exista riesgo alguno, pero la ex embajadora de Estados Unidos ante la OTAN, Julianne Smith, cofundadora de la consultora geoestratégica Clarion Strategies, advierte que este episodio podría erosionar seriamente la cohesión europea.
“Mientras los países de la UE buscan maneras de protegerse contra lo que algunos consideran unos EE.UU. impredecibles y poco fiables, deben tener cuidado de no precipitarse hacia alternativas que puedan debilitar la posición colectiva de la UE”, me dice.
“Algunas de esas relaciones en auge, como la que Canadá mantiene con la UE en rápida expansión, podrían generar beneficios reales”, añadió. “Pero otras, como la decisión de España de estrechar sus lazos con China, podrían socavar aún más la capacidad de la UE para hablar con una sola voz y crear mayores vulnerabilidades de seguridad tanto para España como para el resto de Europa”.
Alianzas emergentes
España no es ni mucho menos el único país de la UE que ha forjado alianzas controvertidas.
Finlandia comparte una enorme frontera terrestre de 1.300 km con Rusia. Esto la ha hecho sentir vulnerable desde la invasión a gran escala de Ucrania por parte de Moscú y en 2022 decidió abandonar su tradicional neutralidad estratégica y se apresuró a unirse a la OTAN.
Ahora bien, existe el temor de que Washington no respete la cláusula de defensa mutua de la alianza en caso de un ataque contra un país miembro.
Finlandia, que ya no confía en que Estados Unidos acuda al rescate en caso de necesidad, ha recurrido a Israel para adquirir equipos de defensa avanzados, incluidos el sistema de defensa aérea conocido como la Honda de David y los misiles antitanque Spike, a pesar de que, como otros europeos, el gobierno finés había planteado reservas a la actividad de Israel en los territorios palestinos ocupados y a las acciones del ejército israelí en Gaza.
Grecia también se siente amenazada por un vecino mucho más grande e inmediato. Considera a Turquía como un “peligro constante e importante para su seguridad nacional y soberanía”, me comenta Nick Malkoutzis, cofundador del sitio web de análisis político MacroPolis.
En el pasado, Estados Unidos mediaba en las disputas entre ambos países. Ambos son miembros de la OTAN. Pero bajo la presidencia de Donald Trump, fuentes internas de la OTAN afirman que Estados Unidos se percibe cada vez más como ausente en los ámbitos político y diplomático, con la atención de Washington centrada en otros asuntos.
A finales de agosto, Grecia e Israel firmaron uno de los mayores acuerdos de exportación de defensa en la historia de ambos países. El acuerdo “Escudo de Aquiles” proporciona a Atenas tecnología israelí destinada a proteger a Grecia contra diversas amenazas, incluidos drones, aeronaves y misiles.
En Grecia existe una larga tradición de simpatía pública hacia la causa palestina, y muchos se han mostrado escépticos ante el acercamiento cada vez mayor con Israel, pero eso no ha impedido el gran acuerdo con el gobierno israelí.
Dado que Israel es un aliado cercano de Washington, Grecia espera que “comprar productos israelíes” también ayude a mantener buenas relaciones con Estados Unidos, incluso en estos tiempos turbulentos.
Pero es un equilibrio delicado, porque tanto Grecia como Finlandia desean ser vistas como “buenos europeos” y contribuir a la colectividad europea, según Malkoutsis.
Según él, el hecho de que los países de la UE estén “dispersos en todas direcciones” dificulta que todos se pongan de acuerdo y hablen con una sola voz en materia de defensa y seguridad, que es lo contrario de lo que Bruselas y la OTAN dicen querer.
Este artículo fue escrito originalmente en inglés y usamos una herramienta de inteligencia artificial para traducirlo. Un periodista de la BBC revisó el texto antes de su publicación. Más información sobre cómo usamos IA.
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