Raffi Berg - editor digital de Medio Oriente; Lucy Williamson - corresponsal en Medio Oriente, BBC News

Benjamin Netanyahu, el primer ministro que más tiempo ha estado en el cargo en Israel, espera asegurarse su séptimo mandato cuando Israel celebre elecciones parlamentarias este martes.

Durante décadas, Netanyahu, de 77 años, se ha presentado a sí mismo como el “Señor Seguridad” de Israel.

Pero su candidatura para la reelección se produce tras lo que muchos israelíes consideran el mayor fallo de seguridad en la historia del país: los atentados liderados por Hamás el 7 de octubre de 2023.

Desde entonces, se ha centrado en librar una guerra contra Hamás, así como contra sus aliados Hezbolá e Irán, al tiempo que se enfrenta a un juicio penal en curso por cargos de corrupción que él niega.

Las encuestas sugieren una contienda reñida entre el bloque de derecha de Netanyahu y un bloque de oposición formado por partidos que trabajan juntos para derrocarlo. Entre ellos se encuentran el exprimer ministro Naftali Bennett y el ex alto mando militar Gadi Eisenkot.

Se prevé que el legado del 7 de octubre desempeñe un papel fundamental en las urnas.

Sobreviviente político

El desafío del ‘rey Bibi’: cómo el legado del 7 de octubre define si Netanyahu logra un séptimo mandato como líder de Israel
Netanyahu lidera el partido Likud. / Getty Images

A pesar de las controversias y las crisis políticas que han amenazado su control del poder, Netanyahu se ha ganado la reputación de ser un sobreviviente político.

Reelegido en noviembre de 2022 para el que fue su sexto mandato como primer ministro, lidera la coalición más derechista de la historia de Israel.

Su regreso al poder se produjo tras un período relativamente breve en la oposición, después de 12 años consecutivos como primer ministro, un regreso que reforzó la creencia entre sus partidarios de que “el rey Bibi” era políticamente invencible.

Sigue gozando de popularidad entre muchos votantes de derecha y religiosos, que lo ven como un líder fuerte en materia de seguridad, y cuyo gobierno ha impulsado la ampliación de las exenciones del servicio militar obligatorio para los judíos ultraortodoxos que se dedican al estudio religioso a tiempo completo.

Pero su aparente invencibilidad ahora está en peligro, con la sombra de los atentados del 7 de octubre cerniéndose sobre las elecciones.

Netanyahu ha reconocido cierta responsabilidad por no haber evitado lo ocurrido el 7 de octubre de 2023, cuando Israel, bajo su mandato, sufrió el ataque más catastrófico de su historia, con miles de hombres armados liderados por Hamás que irrumpieron a través de la frontera desde Gaza, mataron a unas 1.200 personas y se llevaron a otras 251 a Gaza como rehenes.

Pero el premier israelí afirma que muchos otros también son responsables, incluidos altos funcionarios de seguridad, por los fallos que propiciaron los ataques.

Los acusa de haber optado deliberadamente por no despertarlo en las horas previas, por temor a que ordenara un despliegue masivo del ejército israelí y agravara la situación.

Según el Ministerio de Salud de Gaza, controlado por Hamás y cuyas cifras son consideradas fiables por la ONU, al menos 74.000 personas han muerto a causa de la ofensiva israelí en Gaza.

Las acciones de Israel en Gaza han provocado una condena generalizada por parte de la comunidad internacional.

En los años transcurridos desde el ataque, han aumentado los reportes sobre que Netanyahu recibió advertencias del tanto por parte de su propio jefe de seguridad como de países vecinos de la región, algo que él niega.

El mes pasado, el periódico israelí Haaretz publicó extractos de un nuevo libro que alega que el líder de Emiratos Árabes Unidos llamó a Netanyahu diez días antes del ataque para advertirle de los planes de Hamás de una operación de gran envergadura.

La oficina de Netanyahu desestimó la información calificándola de “una mentira absoluta” y anunció que demandará al periódico.

En noviembre de 2024, Netanyahu se convirtió en el cuarto líder mundial en recibir una orden de arresto de la Corte Penal Internacional, junto con el ruso Vladimir Putin, el sudanés Omar al Bashir y el libio Muamar Gadafi.

Esto, sumado a la orden de arresto contra el exministro de Defensa israelí Yoav Gallant, provocó una furiosa reacción en todo el espectro político de Israel.

Estas acusaciones refieren a las acciones militares de Israel en Gaza tras los ataques de Hamás del 7 de octubre e incluyen cargos como utilizar “el hambre como método de guerra; y crímenes de lesa humanidad como asesinatos, persecución y otros actos inhumanos”.

Tanto Netanyahu como Gallant rechazan las acusaciones.

El legado del hermano

El desafío del ‘rey Bibi’: cómo el legado del 7 de octubre define si Netanyahu logra un séptimo mandato como líder de Israel
Netanyahu (derecha) fue capitán de la unidad de comandos de élite Sayeret Matkal en el ejército israelí. / GPO vía Getty Images

Benjamin Netanyahu nació en Tel Aviv en 1949. En 1963, su familia se mudó a Estados Unidos cuando a su padre, Benzion, un destacado historiador y activista sionista, le ofrecieron un puesto académico.

A los 18 años regresó a Israel, donde sirvió durante cinco años en el ejército.

Allí alcanzó el rango de capitán en la unidad de comando de élite Sayeret Matkal.

Resultó herido en un asalto a un avión belga secuestrado por militantes palestinos que aterrizó en Israel en 1972, y combatió en la guerra de 1973.

En 1976, su hermano Jonathan murió al frente de una operación para rescatar a los rehenes de un avión secuestrado en Entebbe, Uganda.

Su muerte tuvo un profundo impacto en la familia Netanyahu, y su nombre se convirtió en leyenda en Israel.

Netanyahu creó un instituto antiterrorista en memoria de su hermano y en 1982 se convirtió en subjefe de la misión de Israel en Washington.

De la noche a la mañana, la vida pública de Netanyahu despegó.

Con un inglés elocuente y un marcado acento estadounidense, se convirtió en un rostro familiar en la televisión de aquel país y en un eficaz defensor de Israel.

En 1984, fue nombrado representante permanente de Israel ante Naciones Unidas en Nueva York.

Ascenso al poder

El desafío del ‘rey Bibi’: cómo el legado del 7 de octubre define si Netanyahu logra un séptimo mandato como líder de Israel
Netanyahu fue embajador de Israel ante la ONU entre 1984 y 1988. / AFP vía Getty Images

Netanyahu se involucró en la política cuando regresó a Israel en 1988.

Consiguió un escaño con el partido Likud en la Knesset (Parlamento) y se convirtió en viceministro de Asuntos Exteriores.

Posteriormente fue presidente de su partido y en 1996 lo eligieron primer ministro tras unas elecciones anticipadas a raíz del asesinato de Yitzhak Rabin.

Netanyahu fue además el líder más joven de Israel y el primero en nacer después de la fundación del Estado en 1948.

A pesar de haber criticado duramente los acuerdos de paz de Oslo de 1993 entre Israel y los palestinos, Netanyahu firmó un acuerdo en 1997 por el que cedió el 80% de Hebrón a la Autoridad Palestina y aceptó nuevas retiradas de la Cisjordania ocupada, lo que provocó gran repudio por parte de la derecha (aunque el plan fracasó antes de que se produjera la mayor parte de las retiradas israelíes).

Perdió el cargo en 1999 tras convocar elecciones 17 meses antes de lo previsto, derrotado por el líder laborista Ehud Barak, antiguo comandante de Netanyahu.

Resurgimiento político

El desafío del ‘rey Bibi’: cómo el legado del 7 de octubre define si Netanyahu logra un séptimo mandato como líder de Israel
El exlíder palestino Yasser Arafat (izquierda) y Benjamin Netanyahu en la Casa Blanca en 2002. / Archivo del NY Daily News vía Getty Images

Netanyahu dimitió como líder del Likud y fue sucedido por Ariel Sharon.

Tras la elección de Sharon como primer ministro en 2001, Netanyahu regresó al gobierno, primero como ministro de Asuntos Exteriores y luego de Finanzas.

En 2005, dimitió en protesta por la retirada israelí de la Franja de Gaza.

Su oportunidad se presentó de nuevo en 2005, cuando Sharon, justo antes de sufrir un derrame cerebral que lo dejó en coma, se separó del Likud y fundó un nuevo partido centrista, Kadima.

De regreso al Likud, volvió a ganar el liderazgo del partido y fue elegido primer ministro por segunda vez en marzo de 2009.

Aceptó una congelación sin precedentes de 10 meses en la construcción de asentamientos (con varias excepciones) en Cisjordania, lo que permitió entablar conversaciones de paz con los palestinos, pero las negociaciones fracasaron a finales de 2010.

Aunque en 2009 había anunciado públicamente su aceptación condicional de un Estado palestino junto a Israel, posteriormente endureció su postura. “No se creará un Estado palestino, no como el que se está mencionando. No sucederá”, dijo a una emisora de radio israelí en 2019.

A principios de este año, dijo que todos lo conocían como el hombre que “durante décadas bloqueó el establecimiento de un Estado palestino que pondría en peligro” la existencia de Israel, y agregó que su país mantendría el control total de la seguridad sobre todo el territorio al oeste del río Jordán, incluyendo Gaza y Cisjordania, “pase lo que pase”.

Durante su mandato también se produjo un aumento considerable de los asentamientos israelíes en la Cisjordania ocupada, algo que, según los críticos, ha complicado los esfuerzos para lograr una solución de dos Estados.

Su gobierno actual ha autorizado más de 100 nuevos asentamientos desde que llegó al poder en 2022, y ha supervisado una rápida expansión de puestos de avanzada y granjas ilegales en las cimas de las colinas.

La organización israelí Peace Now, que supervisa los asentamientos y aboga por la solución de dos Estados, ha declarado que el gobierno ha “impulsado la anexión de facto de Cisjordania a un ritmo sin precedentes”.

Todos los asentamientos y puestos de avanzada israelíes en la Cisjordania ocupada son ilegales, según el derecho internacional.

Los puestos de avanzada también son ilegales según la legislación israelí, aunque muchos reciben apoyo estatal.

Los ataques palestinos y las acciones militares israelíes provocaron repetidamente enfrentamientos en la Franja de Gaza, tanto antes como después de que Netanyahu volviera al poder en 2009.

A lo largo de su carrera política, Netanyahu advirtió repetidamente de que Irán representaba la mayor amenaza para Israel.

Por más de tres décadas, sostuvo que Teherán buscaba desarrollar armas nucleares e instó reiteradamente a los líderes mundiales a adoptar una postura más firme contra el gobierno iraní.

Esa larga campaña alcanzó su punto álgido en febrero de 2026, cuando Israel y EE.UU. lanzaron ataques contra Irán que acabaron con la vida del líder supremo Alí Jamenei.

Irán respondió con ataques contra Israel, bases militares estadounidenses y estados del Golfo, mientras que un ataque de Hezbolá desencadenó una nueva guerra en Líbano.

En abril entró en vigor un alto el fuego mediado por Pakistán, seguido en junio por un memorando de entendimiento entre EE.UU. e Irán, pero fracasó a las pocas semanas.

Desde entonces, EE.UU. e Irán han intercambiado ataques, y no se ha alcanzado ningún nuevo acuerdo.

Sigue el juicio

Tras 2016, Netanyahu se enfrentó a una investigación por corrupción que culminó en noviembre de 2019 con su acusación de soborno, fraude y abuso de confianza en tres casos distintos.

El primer ministro israelí niega haber cometido delito alguno y asegura ser víctima de una “caza de brujas” con motivaciones políticas orquestada por sus oponentes.

Fue llevado a juicio en mayo de 2020, y con ello se convirtió en el único primer ministro en ejercicio en responder ante los tribunales.

Solicitó el indulto al presidente Isaac Herzog, pero Herzog alegó que primero debía intentar llegar a un acuerdo con la fiscalía.

El caso sigue sin resolverse más de seis años después y el juicio continúa.

Los controvertidos planes para reformar el poder judicial también provocaron enormes protestas que pusieron de manifiesto las profundas divisiones en torno a la identidad nacional y la democracia de Israel, antes de los atentados del 7 de octubre.

Estas divisiones siguen sin resolverse mientras Israel se prepara para celebrar las nuevas elecciones.

Vínculos con Trump

La llegada de Donald Trump a la presidencia en 2017 propició una mayor alineación entre las políticas de los gobiernos de EE.UU. e Israel, y en el plazo de un año Trump anunció su reconocimiento de Jerusalén como capital de Israel.

La medida desató la furia en todo el mundo árabe, que apoya la reivindicación palestina sobre la mitad oriental de Jerusalén, ocupada por Israel desde la guerra de Medio Oriente de 1967.

Esa reivindicación cuenta con el respaldo de la ONU, que considera a Jerusalén del Este como territorio palestino ocupado.

Sin embargo, supuso para Netanyahu un importante triunfo político y diplomático a nivel nacional.

En enero de 2020, Netanyahu elogió el plan de paz de Trump entre Israel y los palestinos como “la oportunidad del siglo”, aunque los palestinos lo rechazaron por considerarlo unilateral y lo dejaron sin resolver.

Netanyahu también coincidió con Trump en lo referente a Irán, y celebró en 2018 la retirada del presidente del acuerdo nuclear iraní y el restablecimiento de las sanciones económicas.

No obstante, Trump hizo comentarios mordaces sobre el líder israelí; lo acusó de deslealtad después de que este felicitara a Joe Biden por ganar la presidencia en noviembre de 2020.

Desde entonces, los lazos entre los dos líderes se han restablecido y se han vuelto a poner a prueba.

En su segundo mandato, Trump apoyó a Israel en la guerra contra Irán, presionó para que Netanyahu fuera indultado por corrupción y lo recibió en la Casa Blanca en varias ocasiones, la más reciente en julio.

Netanyahu se ha reunido con Trump ocho veces desde que el presidente estadounidense regresó al cargo en enero de 2025, más que con cualquier otro líder mundial.

Trump volvió a subrayar ese apoyo pocos días antes de las elecciones de este martes.

En una publicación en su cuenta de Truth Social, respaldó a Netanyahu, lo elogió y lo describió como “fuerte, valiente y brillante frente a una tremenda oposición”.

Ante todo, estas elecciones se consideran un referéndum sobre una de las figuras políticas más divisivas del país.

Para sus partidarios, Netanyahu sigue siendo necesario para garantizar la seguridad del país.

Sus críticos, en cambio, sostienen que su permanencia en el poder pone en riesgo a Israel.

Este artículo fue escrito originalmente en inglés y usamos una herramienta de inteligencia artificial para traducirlo. Periodistas de la BBC revisaron el texto antes de su publicación. Más información sobre cómo usamos IA.