Los israelíes votaron este martes para elegir a los 120 diputados de la Knéset (Parlamento) en unas elecciones que muchos consideran un referéndum sobre Benjamín Netanyahu, el primer ministro que más tiempo ha gobernado en la historia del país, pero el cierre de los colegios es solo el comienzo de un proceso que puede alargarse semanas o incluso meses.

En un sistema en el que ningún partido ha logrado desde la fundación del país en 1948 la mayoría absoluta de 61 escaños, el desenlace depende del recuento final, de los partidos que se queden a las puertas del umbral electoral y, sobre todo, de las negociaciones entre formaciones para sumar una mayoría.

“Israel puede convertirse en un país completamente distinto después de estas elecciones”, aseguró la analista y exdiputada israelí de centroizquierda Ksenia Svetlova en un debate organizado pocos días antes de los comicios por el centro de investigación británico Chatham House.

El recuento sigue

Con un 84 % escrutado, el bloque de Netanyahu aventaja al del opositor Gadi Eisenkot, pero ninguno de los dos llega a una mayoría para gobernar, con los partidos árabes como gran sorpresa y posible llave de gobierno al casi duplicar sus escaños.

El resultado aún puede variar por los votos emitidos en los llamados “sobres dobles”, los de quienes no pueden votar en su lugar de residencia, como militares, presos, hospitalizados o mujeres en casas de acogida, que en las elecciones de 2022 rondaron el medio millón.

Estas papeletas se introducen en un sobre exterior con la identificación del votante y otro interior anónimo, lo que permite comprobar que nadie vota dos veces, y se cuentan aparte en la sede de la Comisión Electoral Central, por lo que pueden alterar el reparto final de escaños.

Según los medios israelíes, que citan las estimaciones de la Comisión Electoral Central de Israel, se espera que su número alcance hasta los 600,000 en estas elecciones.

Su peso es decisivo para los partidos que rondan el umbral electoral del 3.25 %, que este año equivale a unos 170,000 votos: quien no lo supere se queda sin representación y sus votos se pierden, como se prevé que le suceda con el partido de Los Reservistas y el de Amjá Israel, del general Ofer Winter.

La ley obliga a publicar los resultados oficiales en el boletín oficial en un plazo de ocho días, por lo que la Comisión Electoral deberá hacerlo antes del 4 de noviembre. Los medios israelíes calculan que el recuento definitivo, contando los dobles sobres, se sabrá este viernes.

Una vez publicados los resultados, la nueva Knéset debe celebrar su primera sesión, en la que juran los 120 diputados, antes del 10 de noviembre.

Una de las primeras tareas del nuevo Parlamento será elegir a su presidente, un puesto clave porque controla la agenda parlamentaria: los rivales de Netanyahu han prometido sustituir al actual, Amir Ohaná, del Likud, si consiguen gobernar.

¿Quién forma gobierno?

Tras la publicación de los resultados oficiales, el presidente, Isaac Herzog, dispone de una semana para consultar a los partidos, que le recomendarán un candidato a primer ministro, y encargar formar Gobierno a quien considere con más opciones. Se abrirá entonces un plazo de 28 días, prorrogables otros 14, para celebrar investidura.

El encargo no tiene por qué recaer en el líder del partido más votado: en 2009, el entonces presidente, Simón Peres, se lo encomendó a Netanyahu, cuyo Likud había obtenido 27 escaños, frente a los 28 de Kadima, de Tzipi Livni, porque contaba con más apoyos para formar una coalición.

Si el primer candidato fracasa, el presidente puede encargárselo a un segundo, que tendrá 28 días sin prórroga. Si este también fracasa, los diputados disponen entonces de 21 días para que 61 de ellos propongan a un candidato, que contará con otros 14 días para ser investido, antes de que la Knéset se disuelva y se convoquen nuevas elecciones.

Aun si la oposición logra formar Gobierno, para lo que necesitaría a los partidos árabes, “será una coalición tan frágil que le resultará muy difícil dar grandes pasos sin que una parte se desmorone”, advirtió en el mismo debate Julie Norman, investigadora asociada de Chatham House.

Gobierno en funciones

Mientras tanto, Netanyahu seguirá en el cargo al frente de un Gobierno en funciones hasta que la Knéset dé su confianza a un nuevo Ejecutivo, una situación que la jurisprudencia del Tribunal Supremo y las directrices de la Fiscalía General limitan para evitar nombramientos de altos cargos o de jueces que no sean urgentes.

Si las negociaciones fracasan y se repiten las elecciones, Israel podría pasar hasta la primavera con “un Gobierno interino con todo el poder y casi ninguna rendición de cuentas” y sin nuevos presupuestos, lo que tendría “consecuencias constitucionales muy significativas”, según el profesor Yossi Mekelberg, investigador del programa de Oriente Medio de Chatham House.