La contaminación crece como espuma en las afueras de Bogotá

La contaminación crece como espuma en las afueras de Bogotá
Espuma en el río Balsillas. AFP/Juan Barreto

A distancia parece un espuma blanca inofensiva, pero en realidad se trata de una acumulación masiva de contaminantes con forma de algodón que desbordó un río y se metió barrio adentro en una localidad próxima a Bogotá. Un hedor delata la polución.

Desde hace varios años, los residentes del sector de Los Puentes en el municipio de Mosquera se han acostumbrado a la aparición de una espuma maloliente en el río Balsillas, a donde llegan aguas residuales de la capital colombiana, ubicada a unos siete kilómetros.

Pero esta vez una temporada de lluvias inusualmente fuerte colapsó el río y las aguas cargadas con desechos de la capital de ocho millones de habitantes quedaron represadas en este punto. La blanca pestilencia fue creciendo hasta invadir una veintena de casas.

“Esto es producto de la contaminación, de la mala disposición de los residuos, materiales, animales muertos, basura, grasas y detergentes”, explica a la AFP Sergio Valero, director de gestión del riesgo de Mosquera, un municipio de la cuenca baja del rio Bogotá, que recoge los desechos en su curso por el límite occidental de la capital.

“El olor es terrible, nos hemos tenido que aguantar muchísimo tiempo con esta espuma”, se queja Luz Mariela Gómez, líder social de Los Puentes.

Las autoridades aseguran que “actualmente no se presentan casos de afectación a la salud” de los vecinos. Pero Óscar Arandía, uno de ellos, asegura que se le dificulta respirar.

Valero asegura que la espuma se forma porque el Balsillas, un afluente del rio Bogotá, arrastra “altas cargas de materia orgánica y tensoactivos”, como se conoce a los detergentes, lavalozas, shampoos y otros productos de aseo doméstico que terminan en las alcantarillas.

La exposición prolongada a estos químicos puede producir daños a la fauna acuática e irritación en la piel humana, según estudios científicos.

Varias canteras, cultivos de flores y zonas residenciales de las afueras de Bogotá vierten sus desechos sin tratar al Balsillas, advierte en varios documentos la Corporación Autónoma Regional de Cundinamarca (CAR), autoridad ambiental de la zona.

Mientras tanto, la fétida espuma sigue creciendo y ya obstruyó el camino que lleva a la escuela de la zona.

“Corremos peligro. Llega a caerse alguien ahí y no lo podemos encontrar”, advierte Luz Mariela Gómez momentos antes de resbalar en la masa blanca y levantarse asqueada.



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